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Críticas de cine

“Beekeeper: El protector”: la John Wick de Jason Statham

David Ayer dirige una clásica historia de acción más descafeinada de lo que se podría esperar

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Tras éxitos recientes como “Megalodón 2: La fosa” o “Fast X“, se podría esperar una experiencia de visionado de alto voltaje y mínimamente disfrutable con cualquier nueva películas protagonizada por el británico Jason Statham. Por ese motivo, desde SOYDECINE esperábamos algo similar con “Beekeeper: El protector“, de David Ayer (“Escuadrón suicida”, “Fury”…). En esta ocasión, ha sido Diamond Films (distribuidora a carga de la saga de acción de “John Wick“) quien estrena en cines esta producción, y tras haberla visto, queremos contarte qué nos ha parecido.

Sinopsis

La brutal campaña de venganza de Adam Clay (Jason Statham) adquiere tintes nacionales tras revelarse que es un antiguo agente de una poderosa organización clandestina conocida como “Beekeeper”.

Crítica de “Beekeeper: El Protector”

Los creadores de “Beekeeper: El Protector” no ocultan su clara intención de emular la esencia de “John Wick”, lo que inevitablemente dará pie a comparaciones a lo largo de esta crítica. En su búsqueda de una trama sencilla similar a la que inició la obra de Chad Stahelski, David Ayer nos presenta una premisa tan simplista que, a pesar de sus esfuerzos por ir enrevesándola, el interés se desvanece antes de que nos demos cuenta.

Caótica y simplista

Dentro del comentado enfoque simplista, los personajes podrían ser el mayor ejemplo de ello. Adam Clay, interpretado por Statham, carece por completo de profundidad y carisma, siendo atractivo únicamente por las secuencias de acción que posiblemente pueda llegar a ofrecer (spoiler: ni en eso cumple). En cuanto a su trasfondo y desarrollo, es francamente inexistente, lo que dificulta la conexión con el espectador y elimina cualquier posibilidad de empatizar con él. Además, sus diálogos se limitan en su mayoría a elaborar metáforas relacionadas con abejas, en un intento de justificar el título de la película, cuando podría haberse optado por cualquier otro.

Del mismo modo, las escenas de acción resultan pobres y muy confusas, transformando lo que podría haber sido un entretenimiento mínimo en secuencias poco claras, carentes de estilo y frenesí, que solo sirven como un medio para avanzar del punto A al punto B dentro de la trama. Es como si en estas secuencias, Ayer se limitase a cumplir con lo básico, sin mostrar interés alguno en hacerlas visualmente atractivas.

Cuando finalmente alcanzamos el clímax de la historia, David Ayer ya ha perdido por completo nuestra atención, ofreciendo una resolución final tan simple que, cuando acaba la película, nos deja una completa sensación de insatisfacción.

El “John Wick” de Hacendado

El principal inconveniente al intentar rodar una nueva “John Wick” radica en que David Ayer no es Chad Stahelski, y en este caso su intento de imitarlo resulta tan pobre como irrisorio, llegando incluso a ser insultante para aquellos que amamos el buen cine de acción. La creación de este mundo de mercenarios ocultos carece por completo de atractivo, especialmente porque el protagonista de la historia es más insípido que un helado de agua, y lo mismo ocurre con esos personajes secundarios tan estereotipados, las secuencias de acción llenas de indiferencia y la pobre calidad en sus planos y en la banda sonora, la cual parece haber sido sacada de una biblioteca de música libre de derechos para uso comercial.

No obstante, ¿es justo sentir decepción por una película de la que, sinceramente, no se podía esperar demasiado? En una época en la que los blockbusters de este tipo llegan a las pantallas, mientras que películas de menor presupuesto, pero indiscutiblemente superiores, luchan por hacerlo, yo diría que sí. Esta obra absurda, inverosímil y pobremente ejecutada hace que nos cuestionemos el rumbo de la carrera de David Ayer. Es posible que el cine de acción no sea lo suyo.

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