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Críticas de cine

Crítica de ‘Cerrar los ojos’ (2023)

La nueva y esperada obra de Víctor Erice

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La trayectoria de un cineasta acaba definiendo las expectativas que genera con sus nuevos trabajos, y Víctor Erice nos encandiló con obras como El espíritu de la colmena, que ya en el año 1973 se llevó la Concha de Oro a la mejor película. En este año 2023, presentó Cerrar los ojos, su nueva película, en el Teatro Victoria Eugenia, tras recibir el premio Donostia, que se otorga para celebrar su carrera artística.

Sus palabras fueron emocionantes, hablando de cómo San Sebastián había sido la ciudad en la que había visto sus primeras películas y cómo con ellas se había enamorado del arte que lo definiría y ocuparía gran parte de su vida. Este emocionante momento se vivió en el teatro, y los aplausos de los asistentes confirmaron el cariño que el director despierta entre los espectadores. Pero después de años ofreciendo sobre todo documentales, su nueva película era muy esperada. Las luces se apagaron y comenzó la proyección. En Soydecine.com queremos hablarte de esta producción.

Sinopsis de Cerrar los ojos

Un célebre actor español, Julio Arenas, desaparece durante el rodaje de una película. Aunque nunca se llega a encontrar su cadáver, la policía concluye que ha sufrido un accidente al borde del mar.

Muchos años después, este misterio vuelve a la actualidad a raíz de un programa de televisión que pretende evocar la figura del actor, ofreciendo como primicia imágenes de las últimas escenas en las que participó, rodadas por su íntimo amigo, el director Miguel Garay.

Crítica de Cerrar los ojos

El planteamiento de Cerrar los ojos es sumamente interesante, ya que, además de ser una película que pretende abordar un tema concreto, posee una historia que puede generar cierto suspense e interés por conocer más sobre lo acontecido. Esto logra que las casi tres horas de duración del film tengan un hilo conductor con un misterio cuya resolución deseamos conocer. Aunque esto no sea lo más importante, es algo que se agradece.

Un guion cinematográfico para hablar del cine

La estructura de Cerrar los ojos está muy bien dividida en tres partes, y sin duda, su parte central es donde más sentimos que el ritmo de la película disminuye. Es cierto que esto proviene del guion escrito por el propio Erice junto a Michel Gaztambide.

En su primer tramo, la historia resulta interesante, desde una escena inicial absorbente que nos cautiva por su tono. Luego, empezamos a conocer detalles de la historia y a los protagonistas a través de conversaciones interesantes. Aunque es cierto que algunas de ellas pueden volverse densas, la poética mezclada con la melancolía que impregna las líneas escritas en el guion, junto con la interpretación convincente de los actores y actrices, hace que, en algunos momentos, esa contemplación sea agradable. Sin embargo, debemos tener en cuenta que la película se acerca a las tres horas de duración, y en su parte central, esto se convierte en una carga, antes de recuperarse en la tercera parte y retomar impulso hacia la última escena, que permanece en nuestra memoria.

Emotiva, pero menos de lo esperado

Cerrar los ojos trata sobre el poder sanador del cine y la importancia que tiene para nosotros, en el contexto del festival de San Sebastián, algo que la mayoría de nosotros consideramos parte de nuestra vida. Por lo tanto, hacernos ver la importancia de este medio y emocionarnos con personajes que lo dan todo por él no debería ser demasiado difícil. Sin embargo, aunque me duela, no logré conectar completamente con los personajes ni con su situación. Los comprendí, disfruté e incluso sufrí, pero el tono sombrío en la forma en que se presentó la historia creó una barrera entre la narrativa y mi experiencia como espectador, y no conseguí emocionarme, a pesar de entender la belleza de su narrativa cinematográfica y apreciar el valor de muchos de sus momentos. Sin esa emoción, la película se desinfló para mí al finalizar su proyección.

Las interpretaciones que destacan en Cerrar los ojos

Indudablemente, en Cerrar los ojos hay dos protagonistas indiscutibles. El primero es interpretado por Manolo Solo, quien nos acompaña a lo largo de toda la película, permitiéndonos conocer su vida e ir descubriendo detalles sobre el otro protagonista, interpretado por José Coronado. Aunque tienen algunas escenas muy interesantes, en general, al no lograr una conexión completa con ellos, tampoco pude destacar sus interpretaciones, aunque ciertamente realizaron un trabajo adecuado, ya que disfruté de su presencia durante la proyección.

Están acompañados por otras actrices y actores como María León, Soledad Villamil, Petra Martínez, Mario Pardo, Josep María Pou… y posiblemente el papel más emotivo debido a sus simbolismos sea el de Ana Torrent, quien fue la niña de El espíritu de la colmena. Cincuenta años después, vuelve a trabajar con Erice en una película de tanta relevancia. Ella agradece al director haberla introducido en el mundo del cine, ya que gracias a ese primer contacto, está donde está.

Una dirección llena de matices

Lo que queda claro en Cerrar los ojos es que hay mucho cine, y de alta calidad. Se utilizan numerosos recursos y se permite que la historia crezca y respire por sí sola, transformándose. Erice mencionó en una entrevista que su visión del cine no era nostálgica, sino melancólica, y que su intención y deseo era que el cine siguiera siendo una experiencia colectiva disfrutada en las salas de cine. Esto se logra con creces. Después de ver la película, la historia continúa resonando, sigue respirando, y en el silencio de la sala, el director nos guía a través de todos los temas que quiere transmitirnos, incluyendo numerosas referencias a momentos y figuras destacadas del séptimo arte.

En resumen…

La verdad es que Cerrar los ojos posee todos los recursos para ser una película que nos guste: aborda el propio cine desde una perspectiva poética con una historia llena de suspense que nos intriga. Aunque no logró emocionarme tanto como esperaba, durante los minutos llenos de música, belleza y diálogos interesantes, no pensé demasiado en ello. En el momento compartido en ese teatro con todos los asistentes a la proyección, me sumergí en el viaje de Miguel Garay para descubrir qué había sucedido con ese actor que había desaparecido en circunstancias misteriosas. Y sí, el plano final y su mensaje perduran en nuestra memoria.

Desde pequeño llevaba las cintas de VHS al salón en vez de usar juguetes. Crecí viendo cine, estudié realización y guion. Comparto el cine, mi estilo de vida, en CasadoConElCine. Una película no acaba en la pantalla, continúa en la conversación que crea.

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