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Doctor Portuondo: terapia militar recetada por Filmin

Nos adentramos en la neurosis de Carlo Pardial, director y escritor que adapta su propia novela.

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Yo estoy aquí para ayudarte. Y tú me ayudas a mi. Y encima te cobro”. Con frases como esta se nos presenta a un psicoanalista que dará mucho que hablar. Filmin se estrena produciendo su primera serie original con Doctor Portuondo, una obra que podrás ver a partir del próximo 29 de Octubre en la plataforma. Eso sí, antes de que lo hagas queremos contarte qué nos ha parecido. Que comience la terapia.

“No sé vivir” le dice al Doctor Portuondo

Trailer de doctor portuondo | filmin

Nacho Sánchez borda el papel de un joven neurótico, mimetizándose con Carlo Padial, escritor en el que está basada la serie. Un personaje lleno de miedos, inseguridades y obsesiones que, consciente de que no puede seguir así, decide ir a terapia. El protagonista queda en manos del Doctor Portuondo (Jorge Perugorría), un psicoanalista con unos métodos de aprendizaje brutales. Sus personalidades opuestas dejan allanado un camino para una curiosa relación entre ambos. “Aprende a vivir, enano“.

Conócete a ti mismo

Es evidente que Nacho Sánchez ha hecho los deberes. Su estudio al detalle de Carlo Padial con gestos, expresiones y tics nerviosos incluidos, nos hace casi entrar en la cabeza del creador. Posición encorvada, parco en palabras, mirada perdida, ruidos al comer… En ocasiones, puede hasta irritarnos (mérito del joven actor), pero su intención de mejorar es lo que verdaderamente lo define. “No quiero repetir el patrón familiar“.

Entiendo el símil que se le hace por ahí con Woody Allen. Aunque creo que solo comparten sala de espera en la misma consulta. Yo lo ubicaría a un paso antes de convertirse en el neurótico de Nueva York. Ese que aún no se conoce del todo, que entiende que algo no va bien y que aún esta lejos de identificarlo y expresarlo ¿No somos todos así? Ahí esta el lazo con el público.

Y es que, lejos de tener un panorama esperpéntico (para eso están unos secundarios de lujo como Arturo Valls, Berto Romero o Carlos de Diego entre muchos otros), todo nos resulta dolorosamente cercano. Por muy normales que nos creamos, todos somos un poco como él. La serie nos hace ver que invertir el dinero en uno mismo no es un gasto. Y es posible que después de ver Doctor Portuondo lleguemos a comprenderlo.

Buen ritmo

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Doctor Portundo | Imagen cedida por Filmin

La serie nunca decae. Cada episodio es una pequeña píldora de las terapias a las que asistió su creador. Comenzando con las manías del paciente en su rutina y permitiendo al publico que se ría, como cuándo se siente observado y culpable al comer queso.

El montaje alterna de forma fluida la voz en off con las localizaciones clave de la serie: el despacho de doctor Portuondo, el aula para las terapias de grupo (mis respetos a David Pareja) y la casa del paciente, donde nos adentramos sobre todo en su relación sentimental. Todo se resuelve satisfactoriamente sin resultar caótico.

Dentro del terror

La producción de la serie, siempre rodada en interiores, justifica el estado mental del protagonista, siempre encerrado en sí mismo. Alejado de espacios amplios o rodeados de gente, Doctor Portuondo apenas se asoma a exteriores.

El trabajo de dirección de fotografía por parte de Andalu Vila-San-Juan y Tito Arcas es digno de mención. Su juego de luces me parece revelador para el terror en el que vive su protagonista, siempre apostando por colores cálidos verdosos y anaranjados mientras juegan con las sombras en los rostros de los personajes (aquí todos estamos locos).

El amor en Doctor Portuondo

A nivel narrativo me falló su relación de pareja como suma a la trama principal. Aunque no conseguí ligarla, la serie parece insistir en que existe un vínculo con el conflicto principal (¿solo uno?) y su resolución.

Los adultos somos niños heridos. Víctimas de víctimas. Habitualmente por una mala gestión paternal hecha siempre desde el cariño. Gestión que, a pesar de todo, la serie toca sutil y elegantemente, revelando un dato crucial de su pasado (elemento indispensable en cualquier terapia). Pero en cambio, se dedica más tiempo de metraje a su relación amorosa, cobrando una importancia para la posterior resolución que no llego a creer.

De todos modos, Doctor Portuondo nunca pretende resolver preguntas que jamás se nos plantean. ¿Cuándo podemos señalar exactamente lo que nos pasa? Así que no esperes respuestas en el tercer acto a modo de plot twist. Esto es terapia. Hay un atisbo de luz después de una sesión de retrospección en el último episodio que me permití ver dos veces para procesar las frases del doctor Portuondo.

Son cincuenta euros

Tenemos así un final agridulce en el que comprendemos que alcanzar la felicidad no depende de dar con una sola tecla. Tu vida es un cúmulo de problemas sin resolver. Nuestra es la responsabilidad de mejorar día a día.

Ya lo decía el doctor Portuondo: El psicoanálisis no acaba nunca.

Doctor Portundo | Imagen cedida por Filmin

Doctor Portuondo te hará una terapia militar que ríete tú del profesor de Whiplash. No se si después de verla, sentirás tu vida reconducida. Todo dependerá de si estas dispuesto a escuchar. Carlo Padial lo hizo. Sigue con su neurosis. Pero es feliz.

Muchas pelis y libros pendientes de leer. Puedes escucharme en el podcast de Puro Vicio y en el de Soydecine.com.

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