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Críticas de cine

‘DOS’: Un intenso thriller en dos metros cuadrados

Mar Targarona vuelve a la dirección tras ‘El fotógrafo de Mauthausen’ con ‘DOS’, un crudo thriller de atmósfera claustrofóbica y máxima exigencia actoral.

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El plano detalle de un ojo que se abre es el punto de partida de DOS, una película que no da tregua y que te invita, como en esa secuencia, a no pestañear hasta el fundido en negro final.

La directora barcelonesa nos cuenta en DOS la historia de unos desconocidos, David (Pablo Derqui) y Sara (Marina Gatell), que despiertan en una cama unidos quirúrgicamente por el abdomen. No saben dónde están, cómo han llegado allí, ni quién es la otra persona a la que están cosidos.

El punto de partida es similar a otros thrillers de amnésicos que podrían considerarse, sin miedo a meter la pata, todo un subgénero dentro del cine de suspense. Pensamos, por ejemplo, en Mentes en blanco (Unknown) de Simon Brand, Saw de James Wan, Cube de Vincenzo Natali o la también española, estrenada este mismo año, Zerø de Iñaki Sánchez Arrieta.

Aún así, y a pesar de todos esos referentes en la industria, la cinta de Mar Targarona tiene la suficiente personalidad y los elementos innovadores necesarios para ser tenida en cuenta.

‘Dos’ y los riesgos del suspense

TRAILER DE ‘DOS’ | RODAR Y RODAR

Mar Targarona tiene una dilatada carrera como productora de thrillers en nuestro país. El habitante incierto, El orfanato, Los ojos de Julia, El Cuerpo o Secuestro, son algunas de las películas que la cofundadora de Rodar y Rodar ha ayudado a financiar en España. Una productora que empezó con publicidad y que, hasta la fecha, es la única española en haber ganado el prestigioso León de Oro del festival publicitario en Cannes.

Es evidente que en Dos, Targarona ha asumido riesgos. No es una cinta sencilla de rodar. De hecho, les costó ocho años conseguir financiación por culpa de su novedosa premisa. Demasiado bizarra para una industria conservadora a la que le gusta ir a lo seguro.

El problema de este tipo de películas es la presión de llegar a los títulos de crédito dejando la sensación del deber cumplido. Alguno dirá que ese es el objetivo de cualquier película o, incluso, de cualquier situación en la vida si nos ponemos filosóficos, pero el suspense es así de ingrato y sin orgasmo final, los tan importantes preliminares caen pronto en el olvido.

Conocemos el cuento

En Dos, las preguntas que se plantean son efectivas, la información que va apareciendo es relevante y el ritmo al que todo se va desarrollando ayuda a mantener el interés. Es cierto que en alguna ocasión somos conscientes de que lo que sucede es solo un recurso para disfrazar la resolución final. La directora nos lleva de la mano por un pasillo cuando sabemos que lo importante está en la dirección contraria. Puro artificio. Como el lobo de Caperucita, Mar Targarona nos invita a coger el camino largo para que no lleguemos al final de la historia en línea recta. El problema es que conocemos el cuento y si avanzamos por el sendero que nos pide es solo para entrar en el juego.

Es al llegar a la casa de la abuelita, siguiendo con el símil, cuando nos queda la sensación de estar insatisfechos y de que volver hacia atrás solo serviría para recolectar las incoherencias que nos han llevado de un sitio a otro. Una de esas películas que no funcionan si se piensan demasiado.

‘Dos’ es casi teatro

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DOS | Mar Targarona

Casi todo en Dos sucede dentro de una habitación y la mayoría, con dos únicos actores. Una película que podría haber sido una obra de teatro si no fuera por la importancia del detalle, de las miradas de sospecha o de los momentos de complicidad de los protagonistas.

Estamos seguros de que Dos ha sido una película incómoda de rodar para Pablo Derqui (ahora rodando Los renglones torcidos de Dios) y Marina Gatell (rostro conocido de la ficción española en televisión con infinidad de producciones desde su trabajo en 7 vidas). Es una película muy física, con pocos espacios y casi ningún margen para usar el lenguaje corporal. El trabajo de ambos a las órdenes de Mar Targarona sería similar al de un atleta que lleva una pesa de diez kilos atada a cada pie y, sin embargo, cumplen con la exigencia del guión y son capaces de hacer avanzar la trama con solvencia.

La cinta podría haberse desviado hacia el body horror más Cronenbergiano (algún plano nos recuerda al maestro canadiense) pero elige un camino algo más cómodo para el espectador, en el que el esquema escape room se va imponiendo poco a poco.

En resumen

Mar Targarona es capaz de conseguir mucho con lo que, aparentemente, parece poco. Una única habitación, una pareja actoral y una premisa interesante es todo lo que necesita para hacer navegar su cinta hacia buen puerto. La directora barcelonesa no esconde nada en este crudo thriller pero tampoco se excede en sus escenas más sórdidas.

En su lado negativo, algo de artificio, una estética final que resulta algo pomposa y la sensación de quedarnos insatisfechos con su resolución acelerada.

Nacido en Las Palmas. Licenciado en filología inglesa. Autor del libro de relatos "Siluetas" y de la novela "Las sombras que fuimos". Cocreador de la página de cine B Entre ninjas y lagartos. Actualmente reside en Maine (EEUU)