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Críticas de cine

Drive my car: Soledad en compañía

Adaptación de un relato del escritor japonés Haruki Murakami dirigida por Ryusuke Hamaguchi.

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3/5

El director japonés Ryusuke Hamaguchi adapta en Drive my car un relato corto del mismo nombre publicado en 2014 por el reconocido escritor Haruki Murakami.

La adaptación de la historia contenida en la antología Hombre sin mujeres, versa sobre la pérdida, la soledad y las conexiones emocionales que establecemos con los que nos rodean.

Hamaguchi vuelve a poner a la crítica internacional a sus pies tras el éxito de su anterior trabajo, Wheel of Fortune and Fantasy (2021). La película era una antología dramática sobre el amor dividida en tres historias que se hizo con el gran premio del jurado en la pasada edición de la Berlinale.

Drive my car y la pérdida

TRÁILER DE DRIVE MY CAR EN ESPAÑOL | CANAL DE SOYDECINE.COM

Drive my car empieza con una pérdida repentina, una de esas que nos pillan con la guardia baja y con el peso de todo lo que nos dejamos sin decir.

Yūsuke (Hidetoshi Nishijima) es un director y actor de teatro que vive un matrimonio feliz. Su esposa Oto (Reika Kirishima) es una guionista de cine con la que comparte historias y proyectos. Su vida sexual es plena y su complicidad evidente.

Sin embargo, tras llegar a casa antes de lo esperado, descubre que su mujer le es infiel con un joven actor de cine con el que ella trabaja. Abatido, abandona el lugar y decide no contarle que la ha visto en la cama con otro.

No sabemos si su intención era hacerlo porque cuando vuelve a casa se la encuentra en el suelo, muerta a causa de un derrame cerebral. Empieza, en ese momento, un largo y tortuoso camino de duelo y aceptación en el que entran en juego factores como la soledad, el arrepentimiento y la culpa.

Una obra dentro de otra

La importancia del Tío Vania de Chéjov en Drive my car es evidente. Hamaguchi usa la preparación de la obra de teatro del dramaturgo ruso como excusa para explorar las relaciones entre todas las personas implicadas en el proyecto.

La historia de Chéjov versa, además, sobre el hastío vital de unos personajes que van sucumbiendo a la vida de forma decadente. Algo a lo que parece abocado el protagonista de la cinta.

Su relación con la obra es tan personal que es incapaz de interpretar el papel que Oto le ayudó a preparar en vida para una representación anterior. Su mujer se grababa leyendo los diálogos para que él ensayara mientras conducía. Al negarse a interpretar el papel principal y, tras un proceso de casting, el rol acaba en manos del amante de su mujer.

Aún así, Yūsuke sigue escuchando esas cintas como una manera de mantener vivo el recuerdo de Oto y seguir conversando con ella.

Durante la película se suceden, en paralelo, los ensayos de Tío Vania con el proceso vital que atraviesa el director de la obra.

Soledad en compañía

En su segundo acto, Drive my car incorpora un componente a la ecuación emocional. Lo hace en forma de chófer. Una joven conductora a la que la productora teatral asigna la función de transportar a Yūsuke por la ciudad. La ciudad, por cierto, es Hiroshima. Otro símbolo de pérdida y reconstrucción.

En un primer momento, Yūsuke considera la asignación como una violación del espacio que le sirve de refugio, su viejo SAAB. Los silencios en el interior del coche son solo rotos por la voz de Oto recitando los pasajes de Chéjov a través de la radio.

Poco a poco, las conversaciones entre ambos les harán darse cuenta de que comparten más de lo que creen. El dolor es más llevadero en compañía.

El relato de Murakami

En los años noventa Murakami declaraba no sentirse cómodo pensando en la posibilidad de que se adaptaran sus libros al cine. Lejos quedan ya esas reticencias y las películas que han tomado sus escritos como referencia llegan ya a la decena.

En el caso de Drive my car, parece evidente que una producción cinematográfica que nos lleva hasta las tres horas de metraje y el relato de apenas cuarenta páginas en el que se basa deben ser muy diferentes.

El escritor le dio al cineasta vía libre para adaptar su historia, consciente de que el lenguaje cinematográfico y el literario son muy diferentes. Hamaguchi ha respondido a esa confianza, sabiendo captar la esencia de la historia de Murakami y expandiendo su universo.

Diferencias entre relato y guion

Al empezar el relato del escritor japonés, la esposa del protagonista ya ha muerto. Lo ha hecho por culpa del cáncer. Hamaguchi imagina la relación de ambos y la muestra en pantalla antes de que eso suceda.

En el material original, son las conversaciones entre el director de teatro y la conductora a la que ha contratado las que sirven de marco para conocer detalles del pasado del protagonista y su matrimonio.

En las páginas de Drive my car, el protagonista le confiesa a la conductora haber seguido a los amantes de su esposa buscando venganza. Por el contrario, en la versión de Hamaguchi es el joven actor el que toma la iniciativa presentándose al casting.

Otra aportación de Hamaguchi es haber convertido la mera referencia a Tío Vania en el relato en una de las partes centrales de su película.

Diferencias aparte, el propio Murakami confiesa haberse sentido totalmente atrapado por la película de su compatriota de principio a fin. Para el escritor, Drive my car tiene un tremendo valor por sí misma. No se nos ocurre un mejor elogio para el trabajo que ha hecho Hamaguchi.

Drive my car se cuece a fuego lento

Muchos espectadores hablan de la sorpresa que supone encontrarse los títulos de crédito iniciales cuando la película ya ha recorrido sus primeros cuarenta minutos de metraje.

Toda una declaración de intenciones del director japonés que decide estirar el relato corto de Murakami hasta convertirlo en una película de ritmo pausado cercana a las tres horas.

El guion de Ryusuke está escrito para darle tiempo a su personaje a madurar lo que le ha sucedido y, a nosotros, a acompañarle en el proceso.

Drive my car es una historia de emociones más que de acontecimientos. Los sucesos importantes son los que suceden en el interior de sus personajes, el resto sirve solo de contexto.

La duración de la cinta y la conexión emocional con lo que sucede en ella pueden suponer un obstáculo para muchos de los espectadores que no terminen de empatizar con lo que sucede ante ellos. Si entras en la historia desde el principio, disfrutarás de un drama envolvente y emocionante. Si no, puede resultar en una experiencia algo tediosa.

Drive my car y su éxito internacional

La carrera de Drive my car está ya marcada por una infinidad de reconocimientos. Para empezar, es la primera película japonesa de la historia en ser nominada a un Oscar a la mejor película.

Además, hasta la llegada de Drive my car, solo había habido cinco películas catalogadas como las mejores del año por las tres asociaciones de críticos más importantes de Estados Unidos: Uno de los nuestros (Scorsese), La lista de Schindler (Spielberg), L.A. Confidential (Hanson), La Red Social (Fincher) y En tierra hostil (Bigelow). La película de Hamaguchi se convierte en la sexta y en la primera de habla no inglesa en conseguirlo.

A falta de los próximos Oscars, la cinta ya ha conseguido el premio al mejor guion en Cannes y el Globo de Oro a la mejor película extranjera. Veremos si es capaz de hacerse con la ansiada estatuilla desbancando a películas como Belfast, CODA, No mires arriba, Dune, El método Williams, Licorice Pizza, El poder del perro, West Side Story o El callejón de las almas perdidas.

¿Tendremos una película asiática en lo más alto por segundo año consecutivo?

Por delante quedan certámenes tan prestigiosos como los César franceses o los británicos BAFTA, a los que también está nominada.

A Drive my car aún le queda mucho recorrido.

Nuestra opinión de Drive my car

En Drive my car, Ryusuke Hamaguchi adapta un relato corto del escritor japonés Haruki Murakami para construir un emotivo drama sobre el duelo.

La cinta, que nos propone un viaje por la complejidad de las emociones humanas, le permite a su personaje principal transitar, con calma, por el sentimiento de pérdida mientras lidia con la soledad, el arrepentimiento y la culpa.

La película tiene un ritmo de cocción lenta no apto para todos los espectadores. Solo aquellos y aquellas que consigan conectar emocionalmente con la propuesta sabrán valorar el personal ejercicio de Hamaguchi.

Lo más importante de la cinta ocurre en el interior de sus personajes. Unos personajes que comparten su dolor al son que les marcan las líneas de Chéjov mientras buscan su camino en el interior del coche que les sirve de refugio.

Nacido en Las Palmas. Licenciado en filología inglesa. Autor del libro de relatos "Siluetas" y de la novela "Las sombras que fuimos". Cocreador de la página de cine B Entre ninjas y lagartos. Actualmente reside en Maine (EEUU)

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