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Críticas de cine

‘El caso de Villa Caprice’, o lo que ocurre cuando la corrupción se enfrenta a la justicia

El caso real de Oliver Metzner, uno de los abogados más poderosos de Francia que se suicidó en 2013.

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4/5

La perspectiva de que algo ocurre en la justicia cuando se trata de gente poderosa siempre ronda las mentes de todos nosotros. Hemos visto casos que nos hacen pensar en ello por todas partes, y a lo largo de los años. El trabajo que hacen los abogados siempre es interesante, pero cuando se trata de un caso relacionado con la corrupción de una persona con poder siempre resulta especialmente frustrante. Por eso, “El caso de Villa Caprice” es tan interesante.

Un duelo lleno de suspense

El punto de partida de“El caso de Villa Caprice” es sencillo: A Gilles Fontaine, uno de los empresarios más poderosos de Francia, le acusan de comprar una propiedad en circunstancias sospechosas. Busca un abogado, el mejor, que acaba siendo Luc Germon. Este tiene muy claro su papel y su trabajo, cosa que choca con el poder que Fontaine siempre ha tenido. El querer posicionarse por encima del otro es lo que mantiene la relación tensa entre los dos protagonistas, a pesar de que reman en la misma dirección.

A partir de ahí la relación entre los personajes es lo que va aportando suspense al film, que dura 103 minutos. Sus acciones pueden parecer inocentes al principio, pero en todo lo que hacen y dicen, hay una intención de demostrar superioridad. Ese juego es interesante, y es sin duda lo que nos hace mantenernos atentos en todo momento. ¿Hasta dónde llegarán? ¿Discutirán en algún momento aunque sean abogado-cliente? ¿Va a explotar, o se va a quedar en esa lucha silenciosa? Esas dudas nos van acompañando durante el visionado, y tratar de descubrir las intenciones de los personajes es algo que vamos a hacer irremediablemente.

Bernard Stora nos muestra los lujos de una clase social alta en El caso de Villa Caprice

El concepto de realización de “El caso de Villa Caprice” es bastante clásico: lo importante es el guion y la interacción entre los actores, y la elección de planos trata de ser lo más discreta posible, aunque como bien sabemos, esas elecciones tienen un porqué. Pero trata de no destacar. Lo que si funciona a las mil maravillas en la película es la manera en la que nos hace entrar en ese universo de la clase social alta.

La propia casa que da titulo al film y qué es la razón por la que Fontaine es acusado es sin duda una maravilla. A pesar de que en una línea de dialogo el poderoso empresario nos cuenta porque es esa casa tan importante para él, no lo necesitamos, solo con presenciar su magnitud, y sobre todo, su localización, entendemos muy bien que sea un deseo para cualquiera. Además está maravillosamente retratada con la manera en la que se rueda: hay momentos de atardecer cuya elección es cuanto menos acertada.

En ese juego de poder, los barcos tienen una gran relevancia, ya que a ambos personajes les gustan, y Fontaine aprovecha cualquier ocasión para hacer notar que su pasión está mas que materializada. Y es que el film no deja de ser una película de personajes, que aunque el contexto sea ostentoso y lleno de lujos, se centra sobre todo en ese suspense que se crea con el subtexto. Pero no olvida en ningún momento quienes son sus protagonistas: helicópteros, coches caros, comida muy apetecible… Todo ello está presente, y sin duda retrata muy bien la clase a la que pertenece Fontaine.

Dos actores inmensos

Es muy difícil que una película como “El caso de Villa Caprice” funcione si no tienes dos protagonistas verosímiles y que crean en lo que están haciendo. Niels Arestrup insufla vida al abogado, dotándole de un aire misterioso en un principio, que se va disipando con los minutos, ya que llegamos a conocerle algo mejor. Con su trabajo consigue que a pesar de no empatizar con sus decisiones, si lo hagamos con su vida social, familiar y emocional. Esto es muy importante, ya que es lo que va a mantener ese tira y afloja continuamente interesante. La relación con su padre también es muy importante para él, y pone encima de la mesa las relaciones entre familiares como tema.

Patrick Bruel es el encargado de interpretar a Gilles Fontaine, un empresario manipulador e incapaz de soltar el poder que tiene. Su ambigüedad es enorme, y su manipulación llega incluso a afectar al espectador, haciéndonos dudar de su verdadera manera de ser. ¿Es tan malo? Esto viene dado desde el guion, pero desde luego sin una buena defensa interpretativa, la intención se hubiese quedado en el libreto. En su caso, la relación con su mujer es lo que más le define: una relación en la que el amor es prácticamente inexistente, pero que el no quiere perder porque toma a su mujer como una propiedad más que no está dispuesto a perder.

El elenco se completa con unos personajes muy bien definidos y cercanos, verosímiles y llenos de matices que nos dejarán momentos interesantes: Michael Bouquet, Irène Jacob, Paul Hay Laurent Stocker…

El caso de Villa Caprice cuenta una historia que no nos suelta

Es importante saber que “El caso de Villa Caprice” arrancó con Pascale Robert-Diard como fuente, una periodista que cubre asuntos judiciales para Le Monde. Quedó muy sorprendida con el suicidio en 2013 de Oliver Metzner, un famoso abogado parisino considerado uno de los mejores abogados del país. A partir de ahí, crearon unos personajes ficticios, ya que Bernard Stora trabaja más a gusto en la ficción.

Con ello, sabemos que lo que el film nos narra no está tan alejado de un contexto social que existe y que realiza este tipo de prácticas corruptas sin que les tiemblen los dedos. La película nos cuenta un duelo de hombres preocupados por el poder sin importar las consecuencias que sus actos puedan traerles. Una película que nos deja una sensación satisfactoria tras su visionado.

Puedes ver El caso Villa Caprice en Filmin

Desde pequeño llevaba las cintas de VHS al salón en vez de usar juguetes. Crecí viendo cine, estudié realización y guion. Comparto el cine, mi estilo de vida, en CasadoConElCine. Una película no acaba en la pantalla, continúa en la conversación que crea.

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