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Críticas de cine

El Conde: la nueva comedia de terror de Pablo Larraín en la que Augusto Pinochet es un vampiro

Una película elegante, satírica y visceral

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4.5/5

Pablo Larraín, cineasta chileno detrás de obras como Jackie (2016) o Spencer (2021) aparca el biopic para sumergirse en una comedia de terror protagonizada por la actriz Paula Luchsinger (La jauría, 2020) y el veterano Jaime Vadell (Post Mortem, 2010), quien, en esta ocasión, se pone en la piel de Augusto Pinochet.

Esta vez hay una característica peculiar que marca al dictador chileno: es un vampiro.

Sinopsis de El Conde (2023)

El Conde es una comedia negra de terror que imagina un universo paralelo inspirado en la historia reciente de Chile. La película retrata a Augusto Pinochet, símbolo del fascismo mundial, como un vampiro que vive escondido en una mansión en ruinas en el frío extremo sur del continente.

Alimentándose del mal para sostener su existencia, después de 250 años de vida, Pinochet ha
decidido dejar de beber sangre y abandonar el privilegio de la vida eterna. Ya no puede soportar que el mundo lo recuerde como un ladrón. A pesar de la naturaleza decepcionante y oportunista de su familia, encuentra una nueva inspiración para seguir viviendo una vida de pasión vital y contrarrevolucionaria a través de una relación inesperada.

Crítica de El Conde (2023)

El Conde es buena, muy buena. A través de esta comedia de terror gótico Larraín juega al “y si…” como hicieron previamente otros cineastas como Tarantino y su Malditos bastardos, pero lo hace de una forma tan solemne y elegante que su puesta en escena y sus sobresalientes interpretaciones hacen que nos olvidemos de lo absurdo que son muchos de los hechos que vemos en pantalla.

Mezclando momentos históricos con ficción y apaleando duramente a la familia Pinochet, el director pone sobre la mesa temas como la codicia, el deseo o la apatía de vivir, con diálogos mordaces que nos harán esbozar una sonrisa pese a estar dichas por un monstruo detestable.

Elegante y satírica

Combina elementos y personajes históricos de forma muy absurda, pero la cinta es tan elegante que logra que todos estos elementos encajen de forma orgánica pese a lo extravagante de la propuesta.

Sobresalen en el reparto Paula Luchsinger, Alfredo Castro y el propio Vadell, quienes logran crear una dinámica tan magnética que es imposible apartar la mirada de la pantalla cuando aparecen en ella.

Del mismo modo, la fotografía de Edward Lachman y las diferentes piezas de música clásica magistralmente integradas en cada escena hacen que la experiencia de visionado sea un auténtico gozo.

Visceral

Aunque no hablamos de una película de terror gore como tal, cuando El Conde quiere mostrar la violencia explícita en pantalla lo hace de la forma que cualquier fan del género esperaría: recreándose en cada plano. Los golpes y las salpicaduras de sangre se hacen notar en las escenas más desagradables para convertirse en un orgasmo visual para los que amamos este tipo de escenas. Aunque, tal y como imaginarás, no será este el apartado por el cual la cinta será recordada.

Ritmo pausado

Es cierto que podríamos llegar a considerar El Conde como una película de ritmo pausado. Con un metraje que roza las dos horas de duración, su trama puede llegar a volverse algo reiterativa y hay quien pueda pensar que el chiste del vampiro se estira demasiado. No obstante, cada subtrama que emerge y que protagonizan los diversos personajes dentro de la obra (romances, secretos, conspiraciones…), logran mantenernos alerta con el fin de conocer mejor a esta peculiar familia.

En definitiva…

El Conde es una producción exquisita en casi todos sus apartados. Uno de esos hitos cinematográficos de Netflix comparable a largometrajes de gran potencial como Mank, de Fincher, No mires arriba, de McKay o El Irlandés de Scorsese.

Una película que cuenta con todos los elementos necesarios para convertirse en una de las indispensables del año.