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Críticas de cine

El triángulo de la tristeza: una sátira despiadada

Una comedia negra cargada de ironía y mala leche

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3.5/5

El director sueco Ruben Östlund dirige El triángulo de la tristeza, una comedia negra cargada de ironía y mala leche.

Es la primera vez que Östlund dirige en inglés y eso le ha permitido contar con un reparto de lo más internacional en el que la cara más conocida para el gran público es la del actor estadounidense Woody Harrelson.

La película, que ha sido estrenada en festivales de medio mundo cosechando halagos de la crítica y el público, se hizo con el máximo galardón en el pasado Festival de Cannes.

Östlund es sinónimo de éxito

Desde que el director nacido en la pequeña isla de Styrsö debutara en 2004 con la película Gitarrmongot, su carrera ha ido de la mano de importantes reconocimientos en algunos de los certámenes más importantes del mundo.

Esa primera película ganó el premio FIPRESCI en el Festival Internacional de cine de Moscú. Poco después, su cortometraje Incident by a Bank se hizo con el Oso de Oro al mejor cortometraje en Berlín.

Tras este principio tan prometedor, siguieron sucediéndose los galardones. Se hizo con el premio del jurado en Cannes por Force Majeure en 2014 y con la Palma de Oro, tres años después, por The Square. Premio que acaba de repetir con este triángulo de la tristeza.

El triángulo de la tristeza y su estructura

TRÁILER DE EL TRIÁNGULO DE LA TRISTEZA | AVALON

La película está dividida en tres actos muy diferenciados. De hecho, Östlund ha hecho esa separación de manera explícita, dándole un título diferente a cada una de las partes.

La fuerza del mensaje o el interés que despiertan cada uno de esos actos es algo desigual.

La cinta se resiente por culpa de una escena climática de lo más llamativa en el segundo acto que hace que en el tercero tengamos la sensación de que todo se ha desmoronado. El guion de Östlund no sabe mantener el tipo en los minutos finales y la bajada de revoluciones en el último tramo nos deja con una ligera sensación de insatisfacción.

Cómo la jefa del personal del yate le dice a sus trabajadores antes de recibir a sus pasajeros: “el principio y el final son lo más importante. Son los que marcan la diferencia entre el éxito y el fracaso.” El propio director se olvida de aplicar esta máxima en la propia película.

Primer acto: La masculinidad y los roles de género

El triángulo de la tristeza comienza con un casting de modelos masculinos. Un entorno en el que explorar algunos conceptos sobre masculinidad y en el que se habla, por ejemplo, de sueldos dispares en el mundo de la moda en función del género. Uno de los pocos entornos en los que esa desigualdad beneficia a las mujeres.

En esos primeros minutos, conocemos a uno de esos modelos y a su una novia que también pertenece a la profesión. Una discusión durante su cena en un restaurante pondrá sobre la mesa temas como los roles de género, las expectativas, las desigualdades o los celos.

Segundo acto: La frivolidad de la alta sociedad

Este es sin duda el tramo más poderoso de la cinta y donde Östlund desata su sátira más ácida.

Asistimos a una galería de personajes a bordo de un crucero en el que el color de la piel de los trabajadores se va oscureciendo a medida que descendemos los pisos del barco.

Desde los tripulantes, todos blancos y cortados por el mismo patrón de belleza, que son los encargados de atender los caprichos de unos pasajeros de los más superficial, a los hispanos encargados de la limpieza que habitan en las entrañas del crucero.

Uno de los aspectos que más nos ha gustado es la relación que se establece entre un empresario ruso anticomunista, interpretado por Zlatko Burić y el capitán del barco, un estadounidense marxista al que da vida un sensacional Woody Harrelson.

La escena más comentada, y que a nosotros nos resulta algo excesiva, tiene que ver con comida y un mar picado por culpa de la tormenta. Está virtuosamente rodada y es visualmente tan desagradable como portentosa. Östlund se suelta la melena y da rienda suelta a la locura más absoluta.

Tercer acto: La pirámide invertida

El bajón de ritmo es notable en este último acto. Pasamos del frenesí a la contemplación.

Östlund utiliza la parte final de la película para criticar a una humanidad incapaz de funcionar unida. Un mal endémico en forma de jerarquías que se perpetúan sin importar las circunstancias.

Los personajes tienen todo a su favor para colaborar en un entorno en el que la sociedad no existe y en el que, por tanto, los roles sociales carecen de relevancia. Sin embargo, en seguida se construye una nueva estructura social, aunque en base a otro tipo de valores, que sigue manteniendo a unos arriba y a otros abajo. Aunque con los roles invertidos, la sociedad sigue dividida entre privilegiados y desfavorecidos.

Nuestra valoración de El triángulo de la tristeza

CRÍTICA EL TRIÁNGULO DE LA TRISTEZA | CANAL DE SOYDECINE.COM

El triángulo de la tristeza es un ejercicio satírico sin compasión. Östlund no siente el más mínimo respeto por sus personajes (o al menos por la mayoría de ellos) y los expone junto a sus miserias y superficialidades.

El director y guionista sueco construye una cinta irregular en la que no todos sus actos brillan al mismo nivel. Sus personajes son tan esperpénticos y exagerados que acaban convirtiendo el guion en un mensaje tan reduccionista y simple como que los ricos son frívolos y superficiales.

Curiosamente, el mensaje más profundo y poderoso llega en un último acto en el que el ritmo cae tan en picado que nos pierde por el camino.

Hay muchas cosas rescatables en El triángulo de la tristeza: las actuaciones, la magistral dirección y algunas escenas memorables. Sin embargo, sus vaivenes argumentales y su ritmo desigual hacen que no podamos hablar de una película redonda.

Nacido en Las Palmas. Licenciado en filología inglesa. Autor del libro de relatos "Siluetas" y de las novelas "Las sombras que fuimos" y "Los alterados". Cocreador de la página de cine B Entre ninjas y lagartos. Actualmente reside en Maine (EEUU)