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Críticas de cine

‘Entre perro y lobo’, la necesidad de vivir por la revolución

La producción hispanocubana dirigida por Irene Gutiérrez ilustra la profundidad de los ideales revolucionarios desde la perspectiva del soldado raso

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Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles.” Con esta cita de Bertolt Brecht se define uno de los protagonistas de Entre perro y lobo, film que relata las andanzas de tres veteranos cubanos de la guerra de Angola que viven por y para la revolución. Los protagonistas están siempre alerta para el combate y la defensa, tanto física como ideológica. Para ellos no existe algo más valioso que sus principios.

Ajenos a los constantes y frenéticos cambios del mundo, estos excombatientes viven en la profundidad de la selva cubana de forma errante y nómada. Con sus machetes siempre afilados, no cesan en su entrenamiento como si la guerra estuviese a punto de estallar. Se muestran fieles a su “deber generacional”, el de defender su patria. Su confusa forma de vida, así como la falta de aceptación del mundo contemporáneo y caótico, provocan unos inevitables interrogantes sociales e ideológicos. Al fin y al cabo, ¿se puede ser coherente si no se vive conforme a lo que se cree?

‘Entre perro y lobo’ desdibuja la frontera entre la ficción y el documental

Rodada en las montañas de Sierra Maestra, esta “jungle movie” (definida así por su directora) es una fuerte apuesta por un tipo de cine político que desdibuja la frontera entre la ficción y el documental. Según Gutiérrez, es “la necesidad de explorar la historia más desde los cuerpos que desde las palabras” lo que la lleva a “confluir método, forma y contenido para mostrar la condición más sublime del ser humano, la más pura y necesaria: la de la resistencia”.

La película fue presentada en la sección Forum del festival internacional de Berlín, y posteriormente se convirtió en una de las triunfadoras del festival de Gijón, donde se alzó con los premios al mejor largometraje español y a la mejor directora de una película española.

Traductor y corrector. Cinéfilo nostálgico. Siempre nos quedará Berlín.