Connect with us

Series

Gaslit, el lado más kafkiano del Watergate

Un derroche de calidad interpretativa

María-Rehberger

Published

on

gaslit-starzplay-serie-critica
4/5

Muchas veces la realidad supera a la ficción. Hay historias que pasan a ser inmortales. Simplemente, su surrealismo da mucho juego. Este es el caso del Watergate, cuando el expresidente republicano, Richard Nixon, tuvo la genial idea de espiar al Partido Nacional Demócrata, en 1972. Hoy, la historia vuelve a acaparar los titulares por el estreno de Gaslit, este 24 de abril en Starzplay. Su creador y guionista Robbie Pickering (Natural Selection) y la dirección del también actor Matt Ross (Captain Fantastic, Silicon Valley) llevan a la pequeña pantalla esta miniserie, que divaga entre el drama y el thriller político.

Gaslit se basa en la primera temporada del podcast Slow Burn, del periodista Leon Neyfakh. Es el tejemaneje desastroso del Watergate en todo su esplendor. Esta vez, Nixon pasa a un segundo plano.

Los protagonistas indiscutibles de esta historia son Martha Michell, la mujer que se percató del Watergate, y el grupo de incompetentes subordinados del expresidente. Lo que da un enfoque novedoso, retorcido y kafkiano del escándalo político más bochornoso de Estados Unidos.

Aunque, Donald Trump dejó también la vara muy en alto y la dignidad del país por el subsuelo.

Sinopsis de Gaslit: “La boca del sur”

TRÁILER DE GASLIT | STARZPLAY

Lo primero que le aplaudimos a Gaslit es un elenco sobresaliente, encabezado por los oscarizados Sean Penn y Julia Roberts. Desde ahí, vamos bien porque cualquier producción que tenga este combo es digna (por no decir obligatoria) de ver.

En este mosaico kafkiano, Julia Roberts interpreta a Martha Michell, quien fue la piedra en el zapato de los republicanos en el fallido Watergate, que tiró por la borda la carrera del expresidente Nixon.

Martha fue esposa del fiscal general y mejor amigo de Nixon, John Michell, a quien da vida un irreconocible Sean Penn. Roberts luce su encanto sureño para hacer un retrato espectacular de una mujer de la alta sociedad de Arkansas, que lleva un vestuario acertado de Susie DeSanto.

La protagonista arrastra una infancia dramática. Le falta cariño, por lo que está ávida de atención. Desde un inicio, la serie nos muestra cómo necesita el foco mediático para sentirse reafirmada y hablar, sin pelos en la lengua, con los periodistas. No en vano fue apodada “la boca del sur”. Hay una escena memorable- no me maten por el spoiler- en donde su marido se molesta por su honestidad y ella le responde: “Búscate a otra mujer, si lo que quieres es alguien silencioso”.

Así que, este perspicaz personaje se da cuenta de que varios miembros del séquito de su marido- cabeza del comité de reelección de Nixon- son las piezas que faltaban por encajar en el dichoso Watergate.

Por esta razón, su esposo y grupo de peones de este la encierran, sin escrúpulos, en un hotel de California para evitar que hablara con la prensa sobre el escándalo. Mientras, la tildan de loca y se escudan en el alcoholismo de Martha para quitarle credibilidad.

Ahí comienza la lucha de una mujer moderna con ganas de comerse el mundo y hacer lo correcto: contar la verdad. Roberts transmite muy bien el huracán psicológico por el que pasa la protagonista, quien se llega a cuestionar su cordura. Nos arrastra con su angustia durante los ocho episodios, que enmarcan el machismo exacerbado de la época.

Una transformación de ver para creer

El otro que nos deja sin aliento es Sean Penn. Su transformación física es simplemente magnífica. Luce irreconocible, bajo una capa de maquillaje y prótesis que lo dejan calvo, con arrugas y unos kilos de más. Creería que no hay discusión respecto al Emmy a Mejor Maquillaje Protésico.

El cambio de Penn es tal que, inevitablemente, su físico brilla más que la propia actuación, aunque también captura de manera soberbia la idiosincrasia estadounidense en la figura del fiscal. No es secreto que fuera de la pantalla es un activista político acérrimo, a veces, muy políticamente incorrecto.

Por lo que, cuando le dan oportunidad para sacar al político que lleva dentro, el resultado es una bomba de calidad. Ya lo vimos en Harvey Milk, filme por el que ganó un Oscar en 2009, al dar vida al primer hombre abiertamente homosexual en ocupar un cargo público en Estados Unidos.

Es maravilloso ver de nuevo a Penn en todo su esplendor y cómo se debate en su polaridad sentimental, de amor y odio hacia su mujer.

Gaslit es un derroche de calidad interpretativa

Gaslit | Imagen cedida por Starzplay/

Eso sí, por momentos, Shea Whigham (Boardwalk Empire) se lleva la serie. Interpreta al rudo G. Gordon Liddy, un exagente del FBI que lideró al equipo de “fontaneros”- así se hicieron llamar los hombres del Watergate porque “evitaban filtraciones”-. A Whigham lo felicitamos por el odio que desprende y genera. Nos topamos con otro psicópata cegado por la ambición.

Un papel no menor se carga a sus espaldas Dan Stevens (Downton Abbey), quien encarna al inmoral abogado de la Casa Blanca, John Dean, empeñado en hacer que funcione su relación con la azafata Mo (Betty Gilpin), de ideología opuesta. Dean es la confusión e ineptitud personificadas. Nos desespera sobremanera su falta de personalidad.

Al elenco también se suma Patrick Walker (I Wrote This For You) como Frank Wills, el joven guardia de seguridad que detectó el allanamiento en la sede demócrata. Esta escena denota el tono satírico de la narrativa y produce risa solo de imaginar el ridículo real que hicieron los “fontaneros”.

Otros que dejan huella son Cristopher Messina (The Mindy Project) y Carlos Valdes (The Flash), interpretando respectivamente a Angelo Lano y Paul Magallanes, dos de los agentes que investigaron el caso.

Un shot de conciencia política

En definitiva, aunque la narrativa pueda resultar densa conforme avanza la trama, es un lujo disfrutar de un festival de buenas interpretaciones. Y, Julia Roberts eleva a Martha Michell al pedestal que siempre mereció.

Gaslit, además, ofrece un ángulo más amplio y humaniza una historia que ha sido contada y versionada hasta la saciedad.

Nos recuerda, por activa y pasiva, que la mezcla de ambición y poca inteligencia son un arma de destrucción masiva. Gastlit nos invita a un shot de conciencia política.

Periodista y PR. Para mí las mejores sesiones de terapia son el cine y las series. Me gusta comentarlas y darles mi receta en soydecine.com. Alma dividida entre México y España.