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Críticas de cine

Crítica de ‘La Contadora de películas’

Sus actuaciones solventes y su interesante propuesta hacen que merezca la pena su visionado.

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La directora danesa Lone Scherfig adapta en La contadora de películas la novela del mismo nombre, escrita por el chileno Hernán Rivera Letelier en 2009.

Esta coproducción, financiada entre España, Chile y Francia, cuenta la historia de una familia obrera en el desierto de Atacama chileno en los años 60.

La cinta, que ha sido escrita a seis manos entre Isabel Coixet, Walter Salles y Rafa Russo y cuenta en el reparto con el actor español Antonio de la Torre, ha ganado el premio Seminci Joven en el pasado festival de Valladolid.

Sinopsis de La contadora de películas

Aprovechando su don para contar historias, la pequeña María Margarita se convierte en la contadora oficial de películas en un pequeño pueblo del desierto de Atacama, en el que la mayoría de los habitantes no se pueden permitir el precio de una entrada de cine.

La acompañamos a ella y a su familia desde principios de los años sesenta hasta los violentos y convulsos años setenta, tras el golpe militar de Pinochet.

Crítica de La contadora de películas

Es cierto, que la novela La contadora de películas no es excesivamente extensa. La edición que publicó ‎Alfaguara tiene 128 páginas y, aun así, la adaptación que hace Lone Scherfig, convierte a la película en una especie de lienzo en el que volcar pinceladas aquí y allá. La historia principal nos abre infinidad de puertas sin dejarnos entrar del todo en ninguna de ellas.

El guion

Hay algunos cambios y omisiones en la adaptación que Isabel Coixet, Walter Salles y Rafa Russo hacen de la novela de Hernán Rivera Letelier. Esto, en principio, no es bueno ni malo.

Es evidente que hablamos de lenguajes comunicativos diferentes y que una adaptación es precisamente eso, la transformación de un material para darle la forma precisa para que funcione en un nuevo formato.

Sin embargo, el libreto de La contadora de películas resulta algo disperso y desenfocado. Trata tantos temas en tan poco metraje que al final resulta una presentación de temas a los que es imposible acceder de una manera que no sea superficial.

Las relaciones familiares, las relaciones laborales, el trauma, la discapacidad física, los sueños frustrados, el matrimonio, el contexto histórico, los abusos, la violencia, la inocencia de la infancia, el poder sanador de compartir historias, la magia del cine en un entorno vital árido… Todo eso está comprimido en una cinta de menos de dos horas de duración.

La película termina por ser una suerte de escaparate lleno de temas profundos, interesantes y de gran potencial a los que solo podemos asomarnos brevemente.

El elenco

En una coproducción de estas características es esperable encontrar un elenco con orígenes de lo más variado. Entre los intérpretes principales desatacan la argentina Bérénice Bejo, los chilenos Luis Dubó, Sara Becker y la pequeña Alondra Valenzuela y los españoles Antonio de la Torre y Daniel Brühl.

Aunque todos están muy bien, vamos a destacar la versatilidad actoral de De la Torre, que en esta ocasión interpreta a uno de los trabajadores de la mina aledaña y padre de la protagonista. El actor hace un esfuerzo encomiable por imitar el acento chileno, al igual que hizo en su día con el uruguayo en La noche de 12 años de Álvaro Brechner.

No sé lo que opinarán al otro lado del charco, pero, en nuestra opinión, resulta bastante creíble.

Un homenaje al cine

Según el propio Brühl, el rodaje fue muy duro. Las condiciones en las que vivía el equipo no eran para nada lujosas. Algunos dormían en las mismas casas en las que vivían los funcionarios de la mina. Además, escaseaba el agua caliente y había dificultades para conseguir comida.

Algo temporal pare ellos, pero no para los trabajadores de la mina de salitre que sufrían esas penurias en los años sesenta. Su única vía de escape era la gran pantalla que les permitía asomarse a otros mundos, mucho más glamurosos o interesantes. Convivían a un lado de la calle, la dura realidad y al otro, la magia de una sala de proyecciones.

El homenaje que la contadora de películas hace del séptimo arte resulta menos maniqueo y algo más sobrio que en otras producciones concebidas como amor al cine.

Durante la película se suceden escenas de clásicos como Espartaco, El bueno, el feo y el malo, Senderos de Gloria, De aquí a la eternidad, Los diez mandamientos, Desayuno con diamantes o El apartamento. Todas ellas recreadas con pasión por la joven María Margarita, que es capaz de transmitir el entusiasmo de sus secuencias a los habitantes del pueblo mientras ayuda económica y emocionalmente a su familia.

Nuestra valoración de La contadora de películas

No creo que nadie sea capaz de decir que La contadora de películas es una mala película. No lo es. Sus actuaciones son más que solventes y tiene una infinidad de momentos interesantes que hacen que merezca la pena su visionado.

Sin embargo, los créditos finales nos encuentran con la sensación de que hay muchas películas distintas entre las páginas de su guion y que Lone Scherfig no se ha atrevido a decantarse por ninguna de ellas. El resultado es una mezcla de temas y tonos cuya frágil unión es el simple paso del tiempo.

Algunos críticos aseguran que La contadora de palabras les ha dejado fríos. Nosotros, sin embargo, la hemos transitado por una apacible zona templada.

Valoración final:

[rating stars=”3.0″]

Nacido en Las Palmas. Licenciado en filología inglesa. Autor del libro de relatos "Siluetas" y de las novelas "Las sombras que fuimos" y "Los alterados". Cocreador de la página de cine B Entre ninjas y lagartos. Actualmente reside en Maine (EEUU)

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