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Críticas de cine

La otra forma: Una original sátira animada

Una distopía poderosa en forma de sátira social.

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3/5

El colombiano Diego Felipe Guzmán, escribe y dirige La otra forma, una original crítica de la sociedad actual en forma de película animada.

En su gira por varios festivales de todo el mundo, la cinta se ha hecho con premios en Colombia, Chile, Francia y España, donde fue elegida mejor película de animación en Sitges.

Aunque no se ha estrenado en salas, podemos disfrutar de esta pequeña joya de animación en nuestro país de la mano de Movistar +.

Sinopsis de La otra forma

El mundo entero está formado por formas geométricas rectangulares. Los seres humanos se esfuerzan por imitar esas formas mediante todo tipo de artilugios que modifican sus cuerpos.

Solo los cuadrados podrán acceder al paraíso en la luna.

Cuando se rompe la prensa que oprime al protagonista y le da su forma cuadrada, todas sus creencias y ambiciones empiezan a tambalearse.

Crítica de La otra forma

No es normal que un cineasta tome tantos riesgos en su ópera prima. Decidir debutar como director con una película de animación sin diálogos y plagada de formas grotescas es, sin duda, un salto de fe.

Es innegable que, a Guzmán, le ha salido bien el experimento, como demuestra el reconocimiento internacional que ha tenido la película en todo el mundo.

La elección visual

En una industria copada por la belleza estética del gigante Disney, presentar una obra en la que los personajes son deformes y extravagantes es toda una declaración de intenciones.

La otra forma es una muestra de la fuerte personalidad de un realizador que tiene un mensaje que compartir y que predica con el ejemplo. Para hablar de la necesidad de romper con la homogeneidad que nos imponen, es necesaria una producción que se aleje de los cánones del cine de animación mainstream.

Las escenas que se suceden ante nosotros buscan más el impacto que visual que la belleza formal. El imaginario de una sociedad en el que todos los habitantes eligen, deliberadamente, torturarse físicamente para encajar en el molde está diseñado con meticulosidad e intención.

La sátira social contra una realidad que te impide pensar, literalmente, “outside the box” (fuera de la caja) como dicen los angloparlantes es visualmente muy poderosa.

La ausencia de diálogos

No hay una sola línea de diálogo en La otra forma. Al igual que en la reciente Robot Dreams de Berger, que está nominada al Oscar, todo se apoya en una notable banda sonora y una narración visual detallada y emocionalmente efectiva.

La historia construye una metáfora tan visual que no necesitamos palabras para entender qué quiere conseguir Guzmán de nosotros y a qué lugares quiere llevarnos.

La globalización y la popularización de los medios de comunicación han conseguido que estemos en contacto con lugares a los que antes solo podíamos acceder de manera pasiva o demasiado dilatada en el tiempo. Esa evolución ha traído consigo un peaje: la pérdida de individualidad cultural y la excesiva homogeneización de nuestros patrones vitales. Al menos en el mundo occidental.

Vestimos igual, comemos lo mismo, vemos las mismas películas y escuchamos la misma música. Guzmán nos recuerda los corsés que nos impone la sociedad y lo difícil que es escapar de ellos.

Un metraje excesivo

El único, pero que le ponemos al guion de La otra forma es una cierta redundancia argumental.

Una vez que están asentadas las bases narrativas, descrito el entorno en el que transcurre la historia y hemos comprendido las reglas del juego, tenemos la sensación de que la transición entre el segundo y el tercer acto está demasiado dilatada.

En espera de la resolución, asistimos a una sucesión de escenas que no inciden en la profundidad del mensaje ni ayudan a avanzar la narración. Durante varios minutos, tenemos la sensación de estar anclados en una especie de loop temporal.

No sabemos si la intención es hacernos sentir igual de atrapados que el protagonista de la cinta, pero lo cierto es que el espectador puede experimentar unos cuantos minutos algo tediosos.

Nuestra valoración de La otra forma

En La otra forma, Diego Felipe Guzmán construye una distopía poderosa en forma de sátira social en la que la alienación de sus ciudadanos se expresa a través de su físico.

Las transformaciones corporales que los habitantes anhelan y para las que están dispuestos a someterse a todo tipo de torturas físicas son manera muy visual y poderosa de criticar a una humanidad, que entendida como masa, dificulta el desarrollo personal de cada uno de sus individuos.

A pesar de tener algunos minutos de más en su segundo acto, La otra forma supone un ejercicio de estilo con mucha personalidad y un soplo de aire fresco en la animación actual.

Nacido en Las Palmas. Licenciado en filología inglesa. Autor del libro de relatos "Siluetas" y de las novelas "Las sombras que fuimos" y "Los alterados". Cocreador de la página de cine B Entre ninjas y lagartos. Actualmente reside en Maine (EEUU)