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Críticas de cine

Las ilusiones perdidas: una larga pero entretenidísima crítica hacia el poder de la prensa

La película con más nominaciones a los Premios del cine francés

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Después de su preestreno en el Festival de San Sebastián y tras arrasar con 15 nominaciones en los Premios César (11 tiene la Annette de Leos Carax), por fin podremos ver en salas españolas Las ilusiones perdidas, una crítica a la sociedad de la Francia del S.XIX en la que un joven y romántico poeta descubrirá la fama y el poder a través de ensuciarse las manos con tinta.

Tráiler de Las Ilusiones perdidas

La ilusiones perdidas es una adaptación de la obra que escribió Honoré de Balzac en 1837. Novelista francés de gran renombre, ha sido adaptado en múltiples ocasiones, siendo la primera vez en 1909 por uno de los padres del cine, D.W. Griffith.

El director francés Xavier Giannoli se enfrenta a la primera adaptación que se ha hecho de la obra en cuestión, pero atención, su mensaje está más vivo que nunca, con unas lecturas sobre el poder de la prensa que, de hecho hoy, resuenan aún con más fuerza.

Un inicio prometedor

Al protagonista Lucien de Rubempré (Benjamin Voisin) le vemos observar las páginas medio rotas de un diario mientras está tumbado en el césped. Las palabras escritas se difuminan a través de los rayos de sol que atraviesan sus finas hojas. Esta presentación nos hace entender que es un bohemio enamorado de la vida que entiende que las palabras tienen el poder (y el deber) de transmitirla.

Su espíritu puro será rápidamente puesto a prueba cuando conozca a su mentor Etienne Lousteau, interpretado por un magnífico Vincent Lacoste. El jefe de redacción del periódico en el que el inexperto Lucien vivirá un descenso a los infiernos cuando descubra que el poder de las palabras se equipara al del dinero.

Este mentor será crucial para comprender el arco dramático del protagonista, dejándose embaucar por él y por los placeres lujuriosos de una Francia corrupta. Comprenderá las verdades del oficio de la prensa que desestabilizarán su idílica mirada de un mundo en el que su profesión está más ligada al interés que al arte.

Una ráfaga de diálogos

Una de las escenas clave de la película la protagonizan el mentor y el aprendiz, en un rápido diálogo sobre el poder de la palabra y cómo esta puede elevar o tirar por tierra una representación teatral. Ambos se enzarzan en una batalla dialéctica sobre cómo las oscuras intenciones del critico pueden ser utilizadas. Si la obra de teatro tiene un guion calibrado al milímetro, al crítico le parece previsible. Cuando es ingenioso, le parece pedante.

El guion y el montaje de Las ilusiones perdidas es todo un acierto. No imagines charlas de palacio aburridas. Esto es una auténtica fiesta, donde los críticos ríen, beben y se drogan mientras mueven a su antojo una mafia que comienza con una pluma.

La rapidez que tienen sus imágenes en sus más de dos horas de duración, van de la mano con esa actitud burlona que tienen los críticos franceses de la época. Y es que, obviamente, nadie pensaría que esta obra de 1837 no está hablando a nosotros.

Muchas pelis y libros pendientes de leer. Puedes escucharme en el podcast de Puro Vicio y en el de Soydecine.com.

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