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Críticas de cine

Crítica de ‘Las niñas de Cristal’

Un filme que lleva la patología del síndrome del impostor al plano del ballet clásico

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2/5

El cineasta gaditano, Jota Linares, estrena en Netflix Las Niñas de Cristal, filme que lleva la patología del síndrome del impostor al plano del ballet clásico, un arte de un sacrificio insano, que no entiende de imperfecciones. Ya lo vimos en El Cisne Negro (Darren Aronofsky, 2010), una película, para mí, insuperable en esta temática, pero las comparaciones son odiosas.

Linares hace su intento en esta producción que, por ir a la moda, peca de un excesivo metraje, rescatado por una estética visual exquisita y unas buenas interpretaciones. Las protagonistas se lucen al tener vía libre para complementar sus pasiones del baile y actuación. Nos deja en claro el talento que corre por sus venas y su familiaridad con este mundo, que ayuda a aterrizar más sus papeles.

María Pedraza (Toy boy, Élite) bailó de los 6 a los 20 años y aseguró en una entrevista que uno de sus sueños era “bailar hasta morir”. Paulina Losada es bailarina profesional y debutó en la actuación con esta película, donde también se estrenan como secundarios otros bailarines que nos deleitan con sus movimientos, dirigidos por el coreógrafo y Premio Nacional de Danza, Antonio Ruz.

Al elenco se suman Marta Hazas (Velvet, Pequeñas Coincidencias), Mona Martínez (Veneno, Vis a Vis) y nuestra icónica canariona, Ana Wagener (Contratiempo, Biutiful).

Tráiler y sinopsis de Las niñas de Cristal

TRÁILER DE LAS NIÑAS DE CRISTAL | NETFLIX

De antemano, ya sabíamos que este largometraje nos iba a envolver en un clima oscuro y deprimente, que empezamos a sentir desde el minuto uno con el suicidio de María, una de las bailarinas más reconocidas del Ballet Clásico Nacional.

La compañía selecciona a Irene (Pedraza) para tomar el rol de María y protagonizar Giselle, uno de los ballets clásicos más icónicos del Romanticismo. Acto seguido, Irene se convierte en blanco de críticas, celos y crueldad, incentivados por una competencia enfermiza de sus compañeras.

Por suerte, Irene encuentra en Aurora (Paulina Losada) un hombro en el que apoyarse y desarrollan una amistad muy íntima y dependiente, esto último en exceso. Juntas crean un oasis de paz que las evade de la realidad y pueden ser ellas mismas. Esa escena del baile en el lago- disculpad el spoiler– es quizá una de las más espectaculares, a nivel visual, que tiene el filme.

Sacrificio por minutos de perfección

Las inseguridades, el miedo al éxito y al fracaso están bien llevados con una Irene, agotada por dar la talla y cegada por la presión irreal, tanto del coreógrafo Antonio Ruz como de la directora (Mona Martínez), para quien el arte es una obsesión y consigue que la odiemos. El papel de Mona no puede pasar desapercibido en próximas premiaciones.

Aurora, por su parte, vive con una madre (Marta Hazas) más preocupada por la danza que por el bienestar de su hija, lo que también nos genera cierto repudio. La película reitera ese sacrificio por encima del bien y del mal, un martirio de años a cambio de minutos de perfección y aceptación del público, que minimizan lo bello que es vivir.

El mensaje per se es muy poderoso, pero lo desinfla un guion lleno de tópicos, que también lleva la pluma del propio Linares (¿A quién te llevarías a una isla desierta?) y del cineasta Jorge Naranjo (Un Billete a Nunca Jamás). En los minutos finales, una discusión entre la directora de la compañía y la madre de Irene (Ana Wagener) hace más palpable estas líneas comercialotas del libreto.

Conclusión

El desenlace, a su vez, es predecible y superficial, por lo que Las Niñas de Cristal, con una temática ya muy tronada, no marca la diferencia con otras películas del género. Es, además, un quiero y no puedo de thriller psicológico, más si tenemos en mente El Cisne Negro.

El filme puede polarizar a los espectadores. Por un lado, los que la tachen de copia barata de El Cisne Negro y por otro, los que valoren el apartado visual y la reflexión que nos deja: “no hay peor ciego que el que no quiere ver”. Eso es lo que somos frente a una cultura de la perfección, que no pasa de moda.

Periodista y PR. Para mí las mejores sesiones de terapia son el cine y las series. Me gusta comentarlas y darles mi receta en soydecine.com. Alma dividida entre México y España.

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