Connect with us

Críticas de cine

Llaman a la puerta: interrumpir el fin del mundo

M.Night Shyamalan firma una minimalista parábola apocalíptica.

daniel-barrado-soydecine

Published

on

llaman-a-la-puerta-critica-pelicula
3/5

Este viernes 3 de febrero se estrena exclusivamente en cines Llaman a la puerta (Knock at the Cabin), la última película de M. Night Shyamalan (El sexto sentido, Múltiple, Tiempo), basada en el libro La cabaña del fin del mundo de Paul Tremblay.

La nueva cinta del aclamado director cuenta con un reparto encabezado por Dave Bautista, Jonathan Groff, Ben Aldridge, Nikki Amuka-Bird, Kristen Cui, Abby Quinn y Rupert Grint.

Trailer y Sinopsis

TRAILER DE LLAMAN A LA PUERTA – UNIVERSAL PICTURES

Durante unas vacaciones en una cabaña alejada de todo, una chica y sus padres se convierten en rehenes de cuatro desconocidos armados que obligan a la familia a tomar una decisión imposible para evitar el apocalipsis. Con acceso limitado al mundo exterior, la familia deberá decidir qué creer antes de que todo esté perdido.

Crítica de Llaman a la puerta

Son tiempos de histeria, de psicosis colectiva. La paranoia se extiende en foros como reddit, la hipocondría abunda y sentimos incierto hasta el futuro más próximo. Shyamalan, consciente de ello, se retroalimenta como story-teller de estas inquietudes para formular una minimalista fábula apocalíptica. Una suerte de translación al medio audiovisual del catastrófico dilema del tranvía que, esta vez, se articula sobre diversos debates morales sujetos a las convenciones sociales pos-Covid-19.

Este peculiar home invasión (máscaras blancas a la Funny Games incluidas) transcurre en un entorno idílico a plena luz del día, siendo deudor en concepto y ejecución de cintas previas del cineasta como Tiempo o Señales. Cuando los tintes bíblicos que auguran el fin de los tiempos irrumpen en el escenario paradisiaco que recoge la acción, acogedor y cálido, contrastan con este, interrumpiendo el libre albedrío. La culpa y los remordimientos, habituales del sentir cristiano, amedrentan a través de cuatro peculiares instigadores a una familia preocupada, como es lógico, por el bienestar de su núcleo.

Todo este caos orbita alrededor de un perverso juego en el que se ponen a prueba las expectativa del espectador, impulsando la imperiosa necesidad de conocer que va a suceder a continuación. Esta ilusión tan lograda de incertidumbre, sumada a las claustrofóbicas experiencias que llevan a situaciones límites a los personajes, sirven como estudio del comportamiento humano. La exposición de la psicología de los partícipes, cada uno de ellos con un rol asignado e inamovible, compone un tablero de juego en el que las dinámicas que nacen de sus interacciones son el motor de la narrativa.

Trabajo de cámara

El trabajo de cámara, pieza fundamental de la obra, es de una finura cercana a la de una lujosa pluma estilográfica, capaz de ejecutar milimétricas coreografías en un espacio especialmente reducido y salir indemne de dicha labor. Este control absoluto de la planificación visual que corresponde a la veteranía del director, eleva un conjunto que si adoleciese del mismo, no tendría la misma entereza. La fuerza de la propuesta reside en la maestría al confeccionar una imagen no supeditada a destellos momentáneos de grandilocuencia, si no a una constancia y regularidad a la hora de encuadrar con sencillez y concreción.

El relato bebe de los códigos propios del cine de género a la hora de componer y delimitar el tratamiento de la acción. Son habituales los fuera de campo, dando lugar a que la imaginación del espectador se recree en la violencia omitida, o los aberrantes y opresivos primeros planos que asfixian la imagen. La capacidad infinita del film de proponer ideas a nivel formal es uno de sus elementos más estimulantes.

Conclusión

VIDEOCRÍTICA DE LLAMAN A LA PUERTA | CANAL DE SOYDECINE.COM

Llaman a la puerta es efectiva como propuesta de entretenimiento, principalmente por su interés en el correcto funcionamiento de cada set-piece planteada, sostenido por unas interpretaciones sólidas y reforzado por una labor de cámara intachable. A pesar de que puede llegar a ser algo anti-climática y redundante a raíz de su naturaleza sobreexplicativa, la experiencia es atrapante, al menos durante sus 100 minutos de metraje. Puede parecer de perogrullo, si, pero un Shyamalan menor no deja de ser Shyamalan.

Crítico de cine, realizador audiovisual, coleccionista y analista de la temporada de premios.