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Críticas de cine

Make Up: Cinematografía sin maquillaje

Crítica de Make Up, film de Claire Oakley protagonizada por Molly Windsor, Stefanie Martini y Joseph Quinn.

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Las películas sobre conocerse a uno mismo siempre tienen algo que nos funciona: aunque el tema tratado no sea exactamente lo que hayamos podido vivir, todos somos capaces de empatizar con el periodo de dudas y de tratar de encontrarnos a nosotros mismos. Es un tema universal que a lo largo del tiempo nos ha regalado cintas muy interesantes. En este caso he podido ver Make Up, la ópera prima de Claire Oakley, y lo cierto es que tiene unas cuantas ideas muy interesantes.

Make Up nos sumerge en un entorno diferente

Make Up | Imagen cedida por Filmin

La protagonista de esta película inglesa del año 2019, Ruth, llega a un parque de caravanas de Cornwall, dispuesta a pasar tiempo con su novio. Cuando sospecha que este está engañándola, se precipita en una espiral de obsesión que la llevará por caminos que ni ella misma esperaba.

De entrada, el punto de partida es interesante: ver parte del funcionamiento de este parque de caravanas es muy interesante: ver cómo es la transición de la temporada de verano a la de invierno es interesante. El entorno es acogedor a pesar del halo de misterio que su directora le otorga en muchas ocasiones, y los paisajes son increíbles. Los parajes en los que se mueven los personajes acaban siendo un personaje más, y eso siempre es de agradecer. Aunque por muy personaje que sea, en este film tenemos una protagonista indiscutible: Ruth.

Una protagonista solida

Desde luego en una película en la que se nos muestra el crecimiento emocional de una persona necesita un protagonista sólido y también bien interpretado. En este caso este peso recae sobre Molly Windsor, y en mi opinión, aprueba con nota. Desde el inicio empatizamos con ella, y eso es en gran parte gracias a su presencia y actitud, que reconocemos. Es una chica que vemos natural, cercana, con la que podemos identificarnos. Es cierto que esto también funciona gracias a cómo está escrito el guion, pero Molly sabe defenderlo muy bien.

Cuando la película requiere ambigüedad, ella sabe ponerla encima de la mesa, y es que es cierto que muchas veces, sin uno de los recursos narrativos que usa la directora, sólo mirando a Ruth a la cara y con los acontecimientos pasados en mente, podríamos perfectamente saber qué le pasa por la cabeza. Es cierto que ese recurso narrativo queda reiterativo teniendo esto en cuenta, pero aún así son pocas las veces que se usa, creo que porque efectivamente, se dieron cuenta de que no eran tan necesarios.

Los secundarios también son relevantes, ya que nos van dando pinceladas de lo que esta chica va sintiendo, y a la vez nos dejan personajes llenos de matices: el trabajo de todos es correcto, pero destaco a Joseph Quinn, que nos brinda un personaje imperfecto, lo cual lo hace más real.

Una atmósfera demasiado oscura

Encontrar temáticas fantásticas o incluso de ciencia ficción en este tipo de películas es normal, y en este film no es diferente. Todo está rodeado de un ambiente de suspense, que gira en primer lugar en torno a la investigación de Ruth por descubrir si su novio tiene una amante, y en segundo lugar, en su obsesión con una chica que va viendo por el parque de caravanas. Pero he de decir, que en este caso, la historia principal tiene la fuerza suficiente como para que esta trama no me haga tanta falta. Todo lo que va pasando en lo que podemos considerar el mundo real fuera de sus visiones ya nos da toda la información necesaria.

Además, es cierto que hay una duda que me surge durante el visionado: ¿lo que vamos intuyendo que puede sentir Ruth, necesita una atmosfera tan malsana? Tengo la sensación de que siempre que salta el tema de la sexualidad y su descubrimiento tiene que estar rodeado de un mal rollo increíble. No tengo claro que eso dé un mensaje positivo. Aunque esto es solo un primer pensamiento: reflexionándolo mejor, es cierto que esa incertidumbre siempre se manifiesta de esa manera. Suspense, irrealidad, dudas, luchar contra el entorno, dualidad, miedo… Son sentimientos que se recorren en este proceso, por lo tanto la narración cumple y va en consonancia con todo ello.

Metáfora constante

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Make Up | Imagen cedida por Filmin

Algo muy satisfactorio es ir viendo las señales que la guionista y directora nos va dejando a lo largo de los minutos: desde el inicio van soltando pinceladas de lo que va a ser esa transformación que es la columna central de la historia. La cometa con forma de pájaro que vemos casi al inicio del film, que representa la libertad. El reflejo en los espejos, todo un clásico, primero viendo a la protagonista reflejada tres veces, y después viendo como ese número va descendiendo.

Incluso en los diálogos y las propias fobias de Ruth, como el miedo al agua del mar, por ejemplo. Cosas que definen al personaje, a priori muy normales y fuera de la metáfora general, pero que tratan de decirnos otras cosa. Ir descubriendo todos estos detalles es satisfactorio para el espectador que participa en el cine de forma más activa, y hacen más mella de la que creemos en la mente del espectador que solo quiere dejarse llevar. Funciona a ambos niveles.

La metáfora más evidente le da título a la película: Make Up. Sin duda las ganas que tiene la protagonista de ponerse uñas y probarse otro tipo de ropa tiene una intención temática muy clara. En el caso de las uñas postizas, es curiosa la conclusión de la metáfora: cuando trata de quitárselas de manera impulsiva se hace daño, lo cual nos dice que cuando tratamos de negar quiénes somos, lo más probable es que acabemos mal.

La fotografía cercana pero bella de Make Up

El tipo de plano en el film tiene dos vertientes: la más cercana, con planos que nos meten de lleno en ese ambiente, y los que se pegan más al plano onírico, el de las alucinaciones que nos mete en la piel de Ruth. En ambas la mano de Nick Cooke no tiembla a la hora de tomar decisiones contundentes, como el uso del color rojo, por ejemplo, que aparece sobre todo cuando ella comienza a despertar.

Tampoco tiene miedo de aguantar planos durante más segundos de lo habitual, ya que los personajes lo aguantan muy bien y la información que se acaba dando, de un modo u otro es relevante. Sin duda, es una película de ritmo lento en sus escenas, pero que la cantidad de información emocional y metafórica es enorme. Además, a pesar de todo, el lugar adquiere magia, y nos quedamos con él, algo realmente importante en una película a la hora de dejar poso.

También hay que destacar esos tintes de cine de terror y suspense que la película tiene en su cinematografía: esas alucinaciones que nos hacen dudad qué es real y qué no, esos planos con colores extremos, extraños dentro de lo que la propia película nos narra como habitual, esa rotura de lo cotidiano. El suspense se genera sin problemas en una historia puramente humana, y eso es gracias a un dominio del lenguaje cinematográfico.

Descubrimiento personal

Sin duda Claire Oakley sabe lo que quiere contar, y no es de extrañar que le interese: es una tema con el que todo espectador puede sentirse identificado. Los elementos más fantásticos de Make Up sirven como metáfora a la perfección, y consiguen unos tintes de cine de suspense bastante interesantes, pero la historia emocional es lo suficientemente sólida como para aguantar por sí sola, y esto no es algo que pase habitualmente.

El camino de Ruth es interesante, y aunque algunos recursos suenen reiterativos teniendo en cuenta que los temas son tan universales que se entienden enseguida sin grandes explicaciones, la película esta llena de símbolos, metáforas y un lenguaje cinematográfico intenso e interesante. Todos tenemos cosas por descubrir de nosotros mismos, pero sean estas u otras, el viaje de Ruth nos interesará y mantendrá pegados a la pantalla. La película tiene Make Up, pero detrás de todo eso, hay mucho más, y merece la pena descubrirlo.

Puedes ver Make Up en Filmin.