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Críticas de cine

Slaxx: el pantalón vaquero asesino

El gore, el humor y la crítica social se meten dentro de unos ajustados vaqueros asesinos.

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La directora canadiense Elza Kephart (Graveyard Alive: A Zombie Nurse in Love) vuelve a la comedia de terror con Slaxx. Una película en la que el gore, el humor y la crítica social se meten dentro de unos ajustados vaqueros asesinos.

Sabías a lo que venías

Intentar tomarse en serio una película cuya premisa es la de un pantalón vaquero asesino sería un error. Elza Kephart, que ya había sido nominada a mejor directora en el Cinevagas B-Movie film por su anterior trabajo en el género nos da lo que promete.

Tenemos claro antes de sentarnos delante de la pantalla el tipo de cinta que vamos a ver y no es de las que te invitan a reflexionar mientras disfrutas de tu mejor whisky en una copa de balón, fumas en pipa y te ajustas las gafas de pasta. Avisados estáis y sí, la hemos visto en Filmin, por si eso puede llevar a confusión.

Más sombras que luces

A la película le cuesta un poco arrancar. Quizá seamos nosotros que estamos deseando que empiece la fiesta y todo lo que precede al baño de sangre se nos hace tedioso. La presentación inicial de los personajes es poco interesante y llena de estereotipos. Slaxx nos cuenta la historia de los trabajadores de una tienda de moda que están preparando el lanzamiento de su nueva prenda estrella, unos pantalones fabricados en la India que se adaptan a todo tipo de cuerpos para ensalzar su figura.

Los personajes están definidos por algún rasgo reconocible, al que se agarran como Rose a la tabla de madera al final de Titanic. Tenemos al trepa ambicioso, a la modelo guapa de pocas luces o a la gerente malvada. Todos ellos sobreactuados y simples, como si fueran más una idea que un ser de carne y hueso. La única que aguanta el tipo es una más que decente Romane Denis, la verdadera protagonista.

Es en estos personajes y sus rasgos exagerados en donde recae el humor de la cinta y es eso, quizá, lo que menos funciona del guión. Los chistes son predecibles y las situaciones cómicas no consiguen mayor efecto en nosotros que el de desear que acaben pronto para seguir viendo al pantalón en acción. Cuando decimos en acción, nos referimos a ver al vaquero asesinando a destajo, no al momento en el que se pone a bailar a ritmo de Bollywood. Sí, ese es el tipo de humor al que nos referimos.

El slasher de Slaxx sí funciona

Lo mejor de la película es la variedad de maneras en las que estos vaqueros de comercio justo acaban con sus víctimas. Estrangulamientos, mordiscos con la cremallera, ataques a lo horda zombie… Sin embargo, estas escenas escasean y saben a poco. Acaban diluyéndose en una trama que parece más un relleno para una divertida idea inicial que se les quedó corta. Y eso que la duración de la película no llega a los 80 minutos.

Mientras la vemos, tenemos la sensación de estarnos enfrentando a lo que podía haber sido un cortometraje original y divertido, cogiendo solo las partes que funcionan (que son pocas) y obviando todo lo demás.

La crítica social de Slaxx

Slaxx | Imagen cedida por Filmin

Elza Kephart no pierde la oportunidad en Slaxx de criticar al mundo de la moda, al capitalismo salvaje y a la explotación del tercer mundo. Unas ideas que sobrevuelan durante toda la película y que incluso le cambian el tono en su tramo final.

De repente, la cinta se pone seria y dramática, intentando mostrarse como algo más importante de lo que es. Pero ese mensaje llega tarde y fuera de lugar. Esa subtrama encajaría mejor en otra cinta, con un tono diferente.

Si el punto de partida es una locura sin pretensiones, no se pueden cambiar las reglas del juego a mitad de camino porque es probable que el público no las acepte.

En resumen

El Slaxx de Elza Kephart es a ratos entretenida y a ratos prescindible. Sus momentos de humor no acaban de funcionar y su mensaje profundo parece fuera de lugar.

Lo mejor de la película son los momentos en los que los pantalones se ponen piernas a la obra para acabar con unos personajes planos y llenos de estereotipos. Al fin y al cabo, a eso veníamos, ¿no?

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Nacido en Las Palmas. Licenciado en filología inglesa. Autor del libro de relatos "Siluetas" y de la novela "Las sombras que fuimos". Cocreador de la página de cine B Entre ninjas y lagartos. Actualmente reside en Maine (EEUU)

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