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Críticas de cine

Una canción irlandesa: crítica del nuevo film de John Patrick Shanley

Emily Blunt y Jamie Dornan protagonizan el nuevo film romántico de John Patrick Shanley (Joe contra el volcán)

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Los primeros acordes del “Una canción irlandesa” nos abrazan mientras un dron recorre de manera calmada los paisajes de Irlanda, seleccionados cuidadosamente. Los pájaros entran en plano y vemos también un cisne. Este es el contexto de nuestros protagonistas, que viven en dos granjas, una muy cerca de la otra. Lo más importante durante los próximos 102 minutos es dejarse llevar por los temas que el guion de John Patrick Shanley contiene. Un guion basado en una obra suya, y una película dirigida por él mismo: desde luego una producción que tiene la visión casi total de su autor.

Una historia sencilla y a la vez extravagante

No es fácil aprovechar una historia sencilla para presentar a unos personajes excéntricos y extremos, y en “Una canción irlandesa” esto ocurre a las mil maravillas. Dos familias, vecinos de toda la vida, que comparten historia. Por un lado, Anthony tiene miedo de que su padre no le deje en herencia la granja, para lo cual tiene indicios, y Rosemary, que lleva toda la vida enamorada en secreto de Anthony. Una comedia romántica, para mi, con más drama y reflexión de lo que puede parecer en un primer momento.

Temas como la soledad, la familia, el arrepentimiento y el miedo sobrevuelan continuamente los diálogos y acciones de los personajes, inevitablemente haciéndonos reflexionar sobre ello. Aunque uno de los temas más tratados, incluso teniendo hasta una subtrama con un personaje secundario, es la manía de aparentar lo que no somos, de ese miedo a ser lo que queremos ser. La muerte también está presente, tratándola de manera respetuosa y emotiva, narrada con unas elipsis muy inteligentes.

Diálogos que no ayudan a empatizar

El guion del autor funciona a unos cuantos niveles, sobre todo, en mi caso, a nivel emocional: no me he emocionado pocas veces. Pero es cierto que los personajes protagonistas tienen un problema que cuesta pasar por alto: sus expresiones, chistes y acciones excéntricas en muchas ocasiones nos sacan de la película. Se sobreentiende que se comportan de esta manera por su vida pasada, por todas las experiencias que han tenido: la soledad, las presiones familiares… Pero aún así, a la hora de empatizar, se torna complicado, ya que dan tantas vueltas al mismo tema, y lo solventan de manera tan extraña, que a ratos salimos del film.

Y ojo, que se entiende que actúen así, en ese sentido están bien definidos. Pero cuando este se repite a lo largo del metraje una y otra vez, es complicado mantener a raya esa sensación de ser un espectador que está sentado en una sala de cine, en vez de poder dejarse llevar por la película.

Emily Blunt y Jamie Dornan dan la talla en ‘Una canción irlandesa’

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Una canción irlandesa | Imagen cedida por A Contracorriente films

Sin duda son unos personajes muy difíciles de defender por lo expuesto anteriormente, pero aún así, los actores principales, Emily Blunt como Rosemary y Jamie Dornan como Anthony, consiguen explicar esos comportamientos a través de miradas y silencios. Ya de entrada no es fácil que comprendamos el secreto de nuestro protagonista, ya que la comedia está ahí, por lo que es muy difícil que nos mantengamos con los pies en el tiesto. Y lo consigue. Consigue que nos lo creamos, por muy absurdo que sea, y eso es de un valor incalculable.

La extraña química de la pareja es innegable, y todo lo que hay bajo la superficie se palpa en el ambiente, en la incomodidad, en las ganas que transmiten de estar juntos sin estarlo. La preocupación que desprende Rosemary sin soltar prenda sobre lo que siente es mérito total de Blunt. ¿Cuántas veces sabemos más por lo que no se dice? Desde luego este tándem funciona genial.

Pero es que los actores que insuflan vida a los personajes secundarios no se quedan atrás, auténticos titanes que han hecho de Una canción irlandesa una delicia: Dearbhla Molloy está increíble, probablemente el personaje más real y entrañable. Pero sin duda el papel de Chritopher Walken ha sido para mi el más satisfactorio: me ha hecho pasar por muchas emociones como la frustración, el enfado, el entendimiento, la ternura… Y es para mí el que tiene los momentos más interesantes. Jon Hamm tiene también un papel muy relevante, y hace que comprendamos a alguien que a priori toma algunas decisiones que no nos gustan demasiado.

Dos partes muy bien definidas

Si que es cierto que la primera parte de la cinta me ha funcionando mucho mejor, cuando vamos conociendo a los personajes y a sus familias. Tras algunos eventos que dejan a los protagonistas más vulnerables, la película se centra más en lo romántico, incluso llegando a ser una comedia de enredos en algunos momentos, aunque es cierto que aportando para mí algo diferente en alma. Los personajes son extraños, su relación también. Están deprimidos, hablan de que no son felices. Es descorazonador, pero extrañamente bello, y desde luego, en eso ayuda mucho la parte técnica de la película.

También hay algo muy destacable en la construcción de Rosemary: una mujer que siempre ha sido muy capaz de vivir sola, de llevar la granja sola. Una mujer que no necesita a nadie. Pero sí que quiere compartir todo eso con alguien. Hay un momento en el que hablan de que las mujeres llevarán el mundo, y que los hombres no tendrán sitio en él. Y eso me ha chocado bastante: a pesar de tener una protagonista así de fuerte, el contexto les empuja a hacer continuamente distinciones entre lo que debe ser un hombre y lo que debe ser una mujer. Entre lo que son tareas de unos y de otros, y al final chirría. Mencionarlo para contextualizar es necesario, pero se repite demasiado.

Los paisajes y la música que nos emocionan

No hay duda de que Una canción irlandesa tiene una fotografía muy interesante. Ya desde el inicio vemos una imagen de un árbol a contraluz en la montaña, cortado por el cielo. Aparece en plano Rosemary con su caballo, y es una imagen que transmite mucha libertad. En los planos hay mucha información temática y emocional, y cuando ha ocurrido un evento importante nos dejan también tiempo para la reflexión. Es algo que funciona muy bien.

Los momentos en los que los protagonistas hablan del cielo, y vemos una de las estrellas muy iluminadas, con su respectiva escena posterior en la que muestran otra vez este elemento reconocible para hacer que nuestras emociones bailen. La cámara está puesta con gusto y cariño por la historia, y es que se nota que John Patrick Shanley quiere mucho a sus personajes. Y eso es genial.

Pero desde luego, lo que más destacaría, sería la banda sonora de Amelia Warner, que utilizando música de corte irlandés, nos transporta por esa montaña rusa de emociones que pretende el libreto del autor. Y sin duda, es muy reconocible y bella. No solo la canción que le da título a la película original, “Wild Mountain Thyme”, que es la canción que cantan varios personajes en momentos clave, sino también todo lo que escuchamos tímidamente de fondo cuando los personajes hablan, sufren, ríen y viven. Porque aunque la música podría sacarnos de la historia, nos transporta a Irlanda, a sentimientos de aislamiento, de divertida excentricidad, y de la belleza que hay en muchos de los recovecos de este mundo, por muy mal que esté la situación.

La dirección solvente de ‘Una canción irlandesa’

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Una canción irlandesa | Imagen cedida por A Contracorriente Films

John Patrick Shanley ha jugado fuerte y ha sido un auténtico hombre orquesta tocando los palos más importantes de este film. Pero a pesar de que en el guion hay ciertas decisiones que no funcionan (como extenderse con los chistes surrealistas y repetir mucho las lentas decisiones de los personajes) la dirección es lo suficientemente inteligente como para que esto se quede en un segundo plano. Y hablamos de algo muy difícil de hacer: empatizamos a pesar de que los personajes realizan cosas para que sintamos lo contrario.

El director solo había dirigido otras dos películas a lo largo de su carrera, “Joe contra el Volcán” en 1990, y “La duda” en 2008. Parece que tiene claro lo que quiere, y esta película tenía ganas de hacerla. Sin duda, un canto a ser lo que uno quiere ser, y hacer lo que quiere hacer a pesar del miedo.

A pesar de todo ‘Una canción irlandesa’ funciona

Si la idea era hacerme sentir cosas y emocionarme: todo bien. Las paisajes y música me han encantado, y los actores han defendido perfectamente unos personajes muy extremos, que al serlo, son divertidos también. Tiene ciertos excesos que hacen que salgamos a ratos del film, pero tiene momentos tan brillantes en la primera parte de la película, y unos secundarios tan poderosos, que no descarto volver a verla. Y eso, hoy en día, con todos los proyectos que van llegando a nuestras manos es mucho decir. No es perfecta, pero ni los protagonistas lo son, ni sus vidas, ni siquiera sus granjas, con el gran problema de las vallas. Que en fin, por muchos problemas que podamos verle Una canción irlandesa, no le pongamos barreras a la emoción.