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Críticas de cine

Crítica de Vermin: La Plaga

Una experiencia inolvidable y traumática para aprensivos y aracnofóbicos.

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Tras su paso por el festival de Sitges 2023, la cinta de producción francesa Vermin: La Plaga llega a las salas de cine españolas el próximo 2 de febrero de 2024 gracias a Adso Films.

Sébastien Vanicek dirige una propuesta independiente de terror guionizada por el mismo, acompañado de Florent Bernard. El reparto está conformado por Finnegan Oldfield, Sofia Lessafre, Jerome Niel, Theo Christine o Lisa Nyarko, entre otros. Douglas Cavanna compone la banda sonora y Alexandre Jamin se encarga de la dirección de fotografía.

Sinopsis de Vermin: La Plaga

Kaleb está a punto de cumplir 30 años y nunca ha estado más solo. Está peleando con su hermana por un asunto de herencia y ha cortado los lazos con su mejor amigo. Apasionado por los animales exóticos, un día llega a casa con una araña muy venenosa que accidentalmente escapa. Estas rápidamente se reproducen y los habitantes del edificio intentarán sobrevivir a una plaga que se sale de control.

Crítica de Vermin: La Plaga

Vermin: La Plaga, la última obra de Sébastien Vanicek, es la pesadilla de todo aracno-entomofóbico, un infierno para todo aquel individuo aprensivo y un desafío para prácticamente cualquier espectador. Esta experiencia inmersiva y claustrofóbica funciona como una estilizada y modernizada cinta de serie B. Su carácter terrorífico, mayoritariamente generado por la incómoda y amenazante presencia de grandes y escurridizos artrópodos, la hermana con el cine de explotación de monstruos, asociándola a uno de los subgéneros más prolíficos en los años 60 y 70.

A pesar de contar con una premisa propia del lenguaje fantástico, el film se sube a la ola cinematográfica francesa predominante en los tiempos modernos, caracterizada por su fuerte orientación social y sus sinceras y categóricas intenciones de denuncia. Vanicek bebe de iconos como La Haine y referentes recientes como Athena o Los Miserables para sacar a la palestra temas vigentes como la precariedad, los conflictos raciales o la ardua subsistencia en entornos suburbanos. La coctelera, agitada, mezcla los códigos del cine de género más punk y cañero con ciertos destellos de drama concienciador de orientación política.

Tela de araña

Lo más destacable de esta suerte de monster-movie es su inteligente capacidad de tensionar y violentar al espectador mediante la alargada sombra de las criaturas que aterrorizan a todos los vecinos del multicultural bloque de pisos en el que se sucede la acción. Mientras que no están presentes en pantalla, provocan paranoia e incertidumbre, y cuando hacen acto de presencia, todo se precipita y la adrenalina y el shock aparecen vertiginosamente.

A decir verdad, a pesar de sus honorables y valiosas intenciones, la cinta se queda atrapada en su propia tela de araña al mismo tiempo que la teje. El insuficiente desarrollo de los planos personajes, los escasos y desaprovechados escenarios, la esquelética crítica social que se plantea o las carencias que deja entrever el escueto presupuesto, restan valor a la propuesta. Lo que comienza como una invitación refrescante y sugerente, con el paso de los minutos y la acumulación de metraje, termina por ser redundante y predecible.

Conclusión

Vermin: La Plaga es una película impulsada por el momentum, la cual arrastra cierta expectación, envuelta en viralidad y curiosidad morbosa. El problema reside en que su incuestionable capacidad de estremecer al público, no termina de maquillar las carencias y dolencias argumentales de la cinta, algo kamikaze y deficiente a nivel dramático. Al menos, las set-pieces de acción narrativa son de una intensidad considerable, siendo capaces de provocar una reacción malsana y erizar la piel durante el visionado. Ahora tendré que llamar a un par de fumigadores, por si las moscas.

Crítico de cine, realizador audiovisual, coleccionista y analista de la temporada de premios.

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