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Críticas de cine

Zerø: una ópera prima que debería esquivar la mala fortuna

Iñaki Sánchez Arrieta nos brinda la perfecta combinación de drama, intriga y thriller

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Sabemos que en el circuito de películas de este país suelen haber muchas que se quedan a puertas de llegar al público, lo cual es una lástima ya que están ya realizadas. ¿Por qué no verlas? Hay muchos factores en esa ecuación, y uno de ellos es la mala fortuna. De eso, en este caso, habla la película Zerø, la ópera prima de Iñaki Sánchez Arrieta, que mezcla a la perfección drama, intriga y thriller. Por eso espero que ellos no sean el eslabón de la cadena de la mala suerte, y que todos podáis dedicarle un visionado.

Un guion intenso e interesante

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Zerø | Imagen cedida por Begin Again Films

Nuestros protagonistas, hombre y mujer, se despiertan en un desierto y no recuerdan quiénes son. Poco a poco van descubriendo cómo funciona ese extraño y hostil lugar, y van recordando cosas de su pasado. Tal vez la clave la tenga Ismael, un hombre que está en el mismo lugar que ellos, que les vigila desde la distancia.

El guion de Ferran Brooks es muy inteligente. En la primera parte del mismo estamos intrigados por conocer las reglas de ese desierto insondable, por conocer qué es lo que está pasando. Antes de tornarse repetitivo, comenzamos a conocer cosas del pasado de sus personajes, y comienza el drama. No hay descanso en ningún momento de sus 94 minutos de metraje: o estamos intrigados, o estamos emocionados, o se cuece a fuego lento una empatía que acaba desbordando nuestros ojos.

A pesar de que la idea base la conocemos, el libreto tiene la suficiente inteligencia como para saber jugar bien sus cartas, utilizando todos los elementos disponibles para narrar de la mejor manera posible. También juega con los conocimientos que tenemos como espectadores, para darnos lo que esperamos, y aún así retorcerlo y sorprendernos. Sin duda todo un acierto.

Unos personajes reales e imperfectos

Una de las cosas que siempre se agradece es ver a unos personajes imperfectos con los que es más fácil empatizar. Sin duda Mario y Julia ejemplifican muy bien esto: ambos tienen sus problemas, sus actitudes que nos chocan, pero los comprendemos. Se enfrentan a una situación difícil. Es el típico ejemplo de “nunca sabes cómo reaccionarías hasta que te pasa”. Pero la película y los personajes hacen que nos lo podamos imaginar a la perfección, y pensar en nuestras propias decisiones. Eso es magia.

Nos encontramos ante un film de personajes, y aquí, sin duda, el peso recae en Nuria Herrero y Juan Blanco, que se comen la pantalla, incluso teniendo como tercer protagonista ese enorme e intimidante desierto. No era tarea fácil, ya que es muy difícil mantener el interés cuando se pasa de una situación intrigante al puro drama cotidiano, pero gracias a los matices de sus interpretaciones, la transición es suave y maravillosa.

Según avanza el metraje, sus interpretaciones se intensifican, algo que es muy satisfactorio de ver. Al principio nos encontramos con unos personajes contenidos, tal vez por vergüenza, ya que no se conocen, o porque son felices. Pero según todo explota, el trabajo de actriz y actor se vuelve más intenso y es desgarrador. Vemos a estos dos en todos los matices que puede tener un personaje, y la verdad es que, en general, están brillantes.

En Zerø la fotografía que funciona como contrapunto

La historia es extraña, dramática, desgarradora. Toca temas muy duros. Sin embargo, la fotografía está en un punto diametralmente opuesto, y eso también es parte de una narración. La vida es cruel, y a la vez bonita. Y eso también se puede contar con imágenes. Ahí está el concepto de realización.

La película está llena de luz: es clara y directa, sin miles de detalles en sus decorados. El minimalismo le funciona a la perfección, para dejar paso a lo que importa. En el desierto se ve claramente, donde lo relevante son sus personajes y nada más. Pero cuando nos trasladamos a lo cotidiano nos encontramos con el mismo planteamiento: si hay que mostrar la sala de espera de un hospital, tenemos una puerta, un mostrador, un asiento y a los actores. No hace falta más. Es creíble y encima no nos aporta distracciones.

La dirección que deja tiempo para pensar

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Zero | Imagen cedida por Begin Again Film

Los recursos para contar la historia son muchos y funcionan. Ya desde el principio, la variedad de planos en el desierto es muy grande: seguir a los personajes desde atrás para sentirnos parte de ellos, planos aéreos para poder ver lo basto del paraje… Cuándo necesita una secuencia de montaje para que sintamos el paso del tiempo de manera solvente, ocurre, pero la película se para cuando necesitamos asimilar los datos.

El film está lleno de planos estáticos en el que los personajes reflexionan sobre las últimas noticias, porque nosotros necesitamos hacerlo también. Analizamos la incertidumbre o el dolor de sus protagonistas, y a la vez viajamos a esa situación, nos hace participes, y empatizamos de manera espectacular. Eso es gracias a un trabajo colaborativo: desde el guion se da, los actores le dan dimensión, pero sin ese hueco que el director decide darle a ese pensamiento, todo sería en balde.

Hay muchas maneras de contar una historia, pero en este caso, todo es muy cinematográfico: las claves del medio están ahí, la narración es un partido de tenis, las emociones van creciendo hasta un desenlace, que, aunque en el fondo esperado, funciona genial y nos emociona.

El drama frente a la intriga

Algo que suele funcionar a duras penas es el hecho de que en una película que mezcla la ciencia ficción con un misterio que queremos desentramar gane el drama que sufren los personajes, y más si están en líneas diferentes. Pero aquí, en Zerø, eso ocurre. Hay un momento en el que parece que no va a pasar, pero sí, el drama acaba ganando terreno, y cuando los dos mundos chocan es mágico.

El misterio nos presenta a los personajes, pero el drama es con lo que nos quedamos, y es por los temas. El miedo es un tema tan humano, que reconocemos tan bien, que es difícil no quedarse con ello. Hacía tiempo que no empatizaba tanto con la incertidumbre y el miedo de un protagonista, y eso es maravilloso, y también desgarrador.

Además, los acontecimientos que se van sucediendo nos golpean como a los protagonistas: nos sorprenden, nos entristecen y no queremos que sean reales. Deseamos que eso no esté pasando de verdad. Pero ya al principio de la película el narrador nos lo ha dicho, nos lo ha advertido: lo cual nos hace atar cabos y disfrutar de esa redondez. Con un plano largo para terminar el film que nos deja heridos.

Pero la idea no es dejarnos con ese mal cuerpo, ya que durante los créditos nos cuentan una historia que nos cura, haciendo del viaje una experiencia completa que en 94 minutos nos lleva por muchos sitios.

Evitando la mala fortuna de Zerø

Una ópera prima nunca es fácil, pero si se demuestra cariño por el medio en el que se trabaja y por la historia y los personajes, hay muchas posibilidades de evitar esa mala suerte. A veces es difícil, pero me gustaría romper esa cadena como humildemente puedo desde mi posición: recomendando esta película, que nos propone algo interesante e intenso. Soy como Zerø, y me voy a quedar aquí tumbado hasta que la veáis.